domingo, 12 de septiembre de 2010

Luchar cuando lo crees invencible, y vencer, es posible.

Dicen del dolor que se siente al ser golpeado, insultado. Hablan de aquel dolor que se siente cuando no sabes qué hacer, la incertidumbre inunda tu mente, el estrés galopa a ritmo desmesurado.

Aquella brisa gélida que atraviesa nuestro corazón, lo bloquea de abarcar sentimiento alguno más que tristeza y soledad, lo rasga, lo araña... la brisa de la soledad.
La mayor parte del tiempo otras personas que apreciamos y les poseemos un afecto conviven junto a nosotros.
Ellos aportan a este día tras día tal vez la sonrisa que forma la carcajada, o evitan que convivamos cual persona autista. Digamos que, gracias a ellos, no caemos en la demencia y podemos compartir sentimientos.
Mas no nos comprenden como queremos.. Tal vez algo te remuerde la mente, te persigue, y al tratar de confesarlo a una de aquellas personas, obtienes la respuesta inesperada. Vacía, carente de valor para ti.

Quién realmente puede ser nuestro bastón en el pedregoso camino de la vida son las personas que nos han dicho la verdad en todo momento. Que han soportado nuestras lágrimas y nuestras histerias, las únicas cuyas palabras han podido darnos la fuerza suficiente para luchar.
Cuando desaparecen esas personas, chocas contra el vidrio de tu autoridad sobre ti mismo, que creías inexistente.
Unos buscan la salida inexistente, corriendo despavoridos por aquel terrible descubrimiento. Otros no avanzan, se quedan en un punto neutro sin saber qué hacer.
¿Yo? Yo comienzo a andar con el bastón que mencioné. Todavía cojeo, pero gracias al bastón comprendo la realidad y las bases que debo comprender para poder continuar el viaje.
Poco a poco, voy guardando el bastón en el cofre siempre presente del corazón. Cuando siento perder las fuerzas, algo cada vez más inusual, trato de apoyarme en mi bastón y él me brinda precisamente lo que necesito.


Jamás debemos olvidar que allí están ellos. No debemos ignorar lo afortunados que somos.

sábado, 28 de agosto de 2010

Magnetismo irrevocable.

Trataba de avanzar a velocidades ilegales sobre el húmedo asfalto. (Tal vez sería más apropiado el término calado).
Las ruedas giraban produciendo un estruendo, tampoco desagradable, y la lluvia chocaba débil pero continuamente con el coche.
Cada metro que avanzaba, me daba la impresión de observar una campiña de verdes tonalidades más y más intensas.

Llegué y supe, exactamente, que era el lugar. Es extraño no poder describir con palabras ese sentimiento de magnetismo con algo o alguien. Tan sólo, tú corazón conoce la razón de dicha atracción, inútil de explicar con palabras, más posible de experimentar en su mayor potencia.
Y a continuación...sólo se me ocurrió observar aquel momento con ojos brillantes y deseosos de atisbar cada detalle que componía aquel exquisito fruto de la naturaleza.

jueves, 26 de agosto de 2010

Saber perdonar..Historias de mi nuevo libro.

Stef era un hombre razonablemente anciano. Rondaba los sesenta y tres, año más, año menos.
Poseía un cabello blanco impoluto, que reflejaba el brillo de la luz más tenue.
Dos inmensos ojos avellana, tal vez miel.
En más de una ocasión criticó mis escritos, discutiendo sin cesar la tristeza que transmitía la mayoría de ellos. Tenía razón.
 De hecho, me convenía estar de acuerdo con él. Noventa y nueve de cada cien veces lo que advertía se cumplía, y lo que decía creer saber era cierto.

Nunca me había fijado, pero llevaba una palabra tatuada tras la oreja. No conseguía  que me revelara el significado. La convicción que yo poseía de que lo descubriría tarde o temprano me embargaba noche y día.

No sabía cocinar, como cualquier hombre que hubieses podido conocer de  su época. El machismo corría por sus venas y yo trataba de eliminarlo con medicamentos en forma de represalias y largas charlas. Pero Stef no solía cambiar de opinión.
Aún sin conocer secretos gastronómicos, adoraba degustar los platos que yo le preparaba.
Él consideraba una infracción saborear la dulzura del chocolate, y mordisquear lentamente las entrañas de la mejor manzana.

En cuanto a aficiones... Amaba viajar, amaba la naturaleza, y por consiguiente, amaba África.
Vagabundeaba por sus calles deshabitadas y no tanto, disfrutaba con la exuberante vegetación y con la incertidumbre que, según él, transmitía el desierto.

Jamás pude haberme imaginado la verdad sobre Stef. De hecho, me ocultó durante años su verdadera identidad, su oficio, su tesoro más preciado: aquel diario que viajaba con él aún cuando llovía o tronaba.
Me traicionó no una, dos veces.
Pero, al fin y al cabo, cometemos errores, decimos mentiras, nos hacemos daño a nosotros y a los otros.
¿Y al final? Acepté su mano y caté sus disculpas, que parecían tener aroma de arrepentimiento y sabor sincero.

De vez en cuando debemos dejar atrás el orgullo propio, ser un poco más humildes, colocarnos en el lugar de aquel que nos pide disculpas. Y, tras lucir la mejor de nuestras sonrisas, saber perdonar, aunque nuestro corazón lo crea imposible. No lo es.

Ahora soy feliz.

Hoy he despertado en un paraíso irreal. La oscuridad que suele inundar mi vista, la neblina de mi mirada que parecía maldecirme una y otra vez, han desaparecido. En su lugar un brillante sol lanza rayos sin descanso, provocando cosquillas en lo que algunos llaman corazón.
Mis párpados han dejado de ser puertas de escape de la realidad que me inunda. Ahora son ventanas que dejan traspasar luz.
Las comisuras de mis labios han cambiado de posición. Cuan increíble resulta que un mero gesto, consistente en modificar la inclinación de los labios, pueda cambiar tu perspectiva, y la de aquellos que la observan.
Por fin puedo retirar de mi escritorio los infinitos diarios de sufrimiento y sustituirlos por otros de recuerdos aceptables. Puedo depositar en la basura la amarga almohada plagada de lágrimas, y en su lugar colocar un algodón de azúcar.
Comprendo ahora los diálogos de comedia, y me arrepiento de no haber reído antes de esta forma.
Lamento no haber cumplido mis objetivos por esa desgana, fruto de la tristeza y melancolía, la añoranza y la soledad en mi interior.


Ahora sé reír cuando hace gracia. Ahora, sé reír cuando no la tiene.




martes, 24 de agosto de 2010

Círculo eterno de..infortunios

Y es la realidad que vamos construyendo día a día, con esta absurda habilidad para causarnos daño.
Tal vez en un principio todo era corriente. Ahora, nuestras manos han moldeado aquella cordura convirtiéndola en tal demencia que siquiera sabemos de su existencia.
Difícil, ante todo, aceptarlo ante cualquier persona con cierta capacidad de comprensión. Más doloroso aceptarlo en nuestra conciencia.
La verdadera demostración de nuestra fuerza de voluntad y nuestra razón es salir de ahí.
Resulta ser una sombra, siempre presente, de vez en cuando escondida. Al despertar, sus garras agujerean tu corazón, tu felicidad, y te sientes aislada de lo que antes considerabas normalidad o realidad.
¿Qué queda después? Los resquicios de los momentos más agradables, o mejor dicho menos molestos, que viviste en alguna ocasión.
Así pues...actuemos acordes a nuestras palabras.
Pero es tan sumamente fácil hablar y prometer, y excesivamente difícil cumplir lo que decimos.
Ahí se demuestra la fuerza que creímos débil o inexistente.

lunes, 23 de agosto de 2010

Deseos.

Cientos de deseos golpean  mi mente, luchando por salir y ver la luz , hacerse realidad.  Algunos constituyen meros caprichos propios de mi edad, otros son necias y crueles palabras que surgen acorde con sentimientos de maldad (mas luego desaparecen tal y cómo llegaron).
En estos momentos un deseo brilla con intensidad. De tal forma que casi resulta una necesidad.
Y es un ansia por no desaparecer de sus pensamientos. El antojo por permanecer en sus recuerdos el tiempo que yo no esté presente.

domingo, 22 de agosto de 2010

Y es realmente lo más doloroso.

Y si preguntan que me resulta más doloroso, responderé sin dudar un mero segundo.
Más que cualquier daño físico, más que la pobreza, más que una desilusión, el ver derramar lágrimas a la persona que quieres provoca un vacío en el corazón que tan sólo se recupera al escucharle reír de nuevo.

sábado, 21 de agosto de 2010

Críticas (¿Constructivas?) que procuramos asumir amablemente.

Realmente me gustaría hacer caso omiso a sus críticas.
Ya no sé si pretende ofenderme, protegerme del peligro al que me acerco lenta, muy lentamente, o qué... Comprendo que él esté involucrado en la situación al ser una persona cercana a mí, pero él no parece saber que ofende con sus palabras despectivas, aunque de alguna forma protectoras (o así lo espero).

De todas formas, en la vida siempre hay críticas y felicitaciones por nuestro trabajo. Algunos lo ven bien y otros mal, y gracias a esas diferencias existen tantas cosas como la amistad, incluso el amor.
¿Imaginan ustedes un amigo que siempre le llevara la razón, con el que nunca discutieran, con el que nunca se enfadaran y por tanto perdonaran, así haciendo de esta relación un vínculo unido por un lazo cada vez más consistente? Porque yo, sinceramente, no. ¡Cuan monótono y aburrido resultaría que todos estuvieran de acuerdo con lo que hacemos! ¡Y qué difícil mejorar como persona si no comprendiéramos, gracias a las críticas, nuestros errores!

viernes, 20 de agosto de 2010

Envidia (malsana)

La envidia es, sin duda, la peor compañera de viajes.
Nos convierte, lenta y dolorosamente, en esclavos del deseo por ser alguien o al menos similar. Nos muerde con aquellos dientes tan punzantes y afilados el corazón y el cerebro, hasta que nos convierte en personas que no escuchan su corazón.
En el caso de escuchar el corazón y no la maldad que habita, desafortunadamente, en algún rincón de todo ser humano, sabríamos que debemos aceptarnos tal y como somos. ¿Algún defecto? Todo puede ser transformado en virtud con el tesón y la voluntad necesarios.
Pongamos de nuestra parte todo lo que sea posible. No pretendamos ser otros, ya que no lo somos.
Tú eres tú, yo soy yo, afortunadamente él es él. Así son las cosas y así seguirán siendo.
Por mucho que procures ser igual que aquella persona a la que crees odiar (y en realidad envidias), en el fondo sabes que no te estás comportando como una persona digna de ser llamada como tal.

Por lo tanto, no tenemos nada que envidiar, ya que sus defectos se ven recompensados con nuestras virtudes y viceversa. Los hay más bellos y a su vez más estúpidos, más solidarios aunque tal vez menos atractivos. Y a todos nos une un deseo de querer ser superiores, sin comprender que todos estamos a un mismo nivel que no acepta superioridad alguna.

jueves, 19 de agosto de 2010

Desilusiones...

Es frustrante que una ilusión te colme de alegría y te anime a continuar, y más tarde seas incapaz de hacerla realidad por problemas externos.
Por suerte poseemos una capacidad comprensiva, y los sueños todavía permanecen ahí, aunque no por demasiado tiempo.

martes, 17 de agosto de 2010

Ofensas y arrepentimientos...Podríamos ahorrarnos la primera parte para no padecer la segunda.

Son aquellos instantes en los que recibimos un trato inmerecido de nuestros seres queridos, en los que pronunciamos palabras despectivas sin apenas pensarlas.

Las vibraciones de la ira y decepción por aquello que acabamos de escuchar nos impulsan a expulsar insultos y a golpear objeto alguno que cruce nuestro camino. Tratamos de contener lágrimas, mas acabamos por desahogarnos. Y tal vez en ese instante pensemos que se merecen la sarta de palabras malsonantes que están recibiendo a escondidas. Y tal vez las amenazas tranquilicen nuestra ira y orgullo, nos sentimos superiores, absurdamente malvados, con un poder que puede hacer sufrir inmensamente a aquel que se ha atrevido a romper su respeto ante nosotros.


Durante unas horas nos sentimos enfurecidos y repletos de un principio de algo que tal vez llamemos odio. Al pasar un día la decepción ha salido a la luz cubriendo los resquicios del supuesto odio que quedaba.  Más tarde le sigue la tristeza.
Y por último los remordimientos y el arrepentimiento al recibir el perdón, lo cual me parece absolutamente egoísta por nuestra parte, pero admito que también me ocurre como ser racional que soy.

Al observar un rostro también arrepentido del que nos ha causado daños, nuestra coraza que parecía incapaz de perdonar  se desploma junto nuestro orgullo, y acaba por transformarse en otro remordimiento que remueve nuestra conciencia. Al final recordamos que son seres que queremos. Cometen errores que, a nuestro pesar, nos causan un dolor extremo, y a través de meras palabras. Pero todo se debe a un momento de tensión, un mal día o un ascenso desorbitado del orgullo. 

Al fin y al cabo, como he mencionado hace un par de líneas, todos cometemos errores y tarde o temprano, rectificamos y comprendemos que no vale la pena ofender para más tarde sentirnos miserables en nuestro interior.

lunes, 16 de agosto de 2010

Esperanza.

Y la esperanza es lo último que se pierde. Cuando el cielo parece estar surcado por la niebla de la tristeza y desinterés ante todo, todavía un indicio de aquel puñado de ilusiones que siempre nos acompañan siguen ahí, resistiendo, luchando y al final, venciendo.
Sin ellas no seríamos humanos, sino necios siguiendo una senda que quién sabe hacia dónde se dirige.
Afortunada o desafortunadamente, el corazón vence sobre la mente en incontables ocasiones, y aquello es lo que nos permite ser verdaderas personas.

domingo, 15 de agosto de 2010

Nerviosismos e ilusiones que preceden a aquello

Esa ilusión antes del momento de que ocurra.
Antes de poder hablar de todo aquello que me perturba o perturbó en cierto momento.
Todos aquellos hechos que nadie conoce, los pensamientos que se han atrevido a rasgar la barrera entre la cordura y la demencia y terminaron por agujerearla sin llegar a romperla... las palabras dispares que me guardé y desee haber pronunciado en voz alta, aún sabiendo la sorpresa y tal vez decepción que causarían.

La única persona ( o así recuerdo) en la que confíe y no mencionó nada. Que me apoyaba y me decía la verdad a pesar de mis quejas absurdas e infantiles.
Quién respondió a mi afecto con afecto, no procurando aprovecharse de mí disimuladamente. Quién resultó ser anfitrión en su refugio, con la mayor hospitalidad y respeto, y cómo no la espontaneidad y el sentido del humor.

Y es que esa ilusión consume por completo el leve atisbo de desgana por cumplir promesas, objetivos o metas. Una sensación que corroe por completo la maldad que toda persona posee.

Estar con personas que realmente queremos, desinteresadamente, resulta tan gratificante que es lo único que se conserva con claridad en nuestra hermosa  y colorida habitación de los recuerdos que habita en nuestra enrevesada mente.

jueves, 12 de agosto de 2010

Alimentemos nuestras mentes con letras que formen nuevos significados para nosotros.

Las palabras alimentan nuestra mente. Le sirven de vitamina para crecer, hacerse cada vez con más vocablos nuevos y conocimientos anteriormente desconocidos.
Los libros son imprescindibles para su educación y crecimiento, para que no se convierta en una ignorante.
Cada letra le gratifica, le llena, le causa felicidad.
Así pues, culturicémonos y concedámosle a nuestra mente el privilegio de la dicha.
Y qué grato debe ser el saber... todavía desconozco la sensación, me considero mediocre, fuera de ignorancias o sabidurías absolutas.

martes, 10 de agosto de 2010

Amante dolor.

El dolor es nuestro amante en los momentos de desdicha. Por su boca exhala suspiros de amor que nosotros mostramos mediante lágrimas.
Nos besa, nos muerde, nos convence que nada vale la pena . Su permanencia provoca nuestra tristeza.
Aumenta , crece cada día, mientras no le expresemos nuestros sentimientos no recíprocos.

Se convierte en nuestra sombra incluso de noche. Presupone que le amamos también, y sigue haciéndonos daño, que para él es demostrarnos su amor.
Sólo nos desharemos de él cuando le engañemos con nuestra, también amante, fuerza de voluntad.


Y que infieles somos los humanos...

Irrevocablemente imborrable

Entré por la puerta que llevaba al destino. Aguardé unos instantes para hacerme la idea de dónde estaba a punto de entrar. Escuché un ruido extraño, y descubrí que era el rechinar de mis dientes.
Los escalofríos poblaban mi cuerpo. El pelo de mi nuca, y si apuramos, incluso el vello de mis brazos estaba completamente erizado.
A unos segundos de descubrir que me aguardaba, cuál sería mi meta. Cuál sería la cima de mi vida.
Por fin sabría por dónde dirigirme, marcar mi ruta, mi camino a seguir, hasta alcanzar aquello que vería en unos instantes.
Esperaba encontrarme con una mujer con valor, con una familia, una situación económica más bien mediocre, una situación social pobre. Un empleo desconocido.

Y al atravesar el aura descolorida que rodeaba la puerta al destino, me arrepentí de haber pisado si quiera aquel lugar sagrado.
El destino nos hace modificar cada paso, cada palabra que sale de nuestra boca, pero nosotros no podemos modificarlo a él.
El destino es, queramos o no, irrevocablemente imborrable.
Y nosotros nos adaptamos a él, no él a nosotros.

Con lo cual, no tenté mi suerte ni mi futuro, y volví por donde había venido.

lunes, 9 de agosto de 2010

El viaje de vivir.


Cuando todo permanece en equilibrio,
la inestabilidad atraviesa nuestra senda,
Tratamos de evitarla con un desvío  equivocado,
Sin comprender que forma parte del destino.

Vagar por la vida trae sus riesgos y obsequios,
Somos ciegos conductores sin rumbo que seguir,
Abrimos los ojos gracias a la experiencia,
Conseguimos superar los delirios y tormentas.

Patricia Marra.


Inseparable compañera soledad.

Las agujas del reloj no cambiaron desde la última vez que miré,
aquí a mi lado sigue sentada la fiel soledad,
con sus garras me destroza el corazón,
con sus silencios me hace olvidar lo que es un recuerdo.


Ya no pienso en nada más que no saber en qué pensar,
ya no hago nada más que no saber qué hacer,
la última sonrisa resultó ser un sueño,
del que desgraciadamente tuve que despertar...


Patricia Marra.

Escuchar las palabras de Sabina inspira hasta al más desgraciado a escribir sobre lo qué resulta ser la alegría, al más alegre a escribir sobre la soledad. En definitiva, inspiran.
Recuerdo hace unos años, escuchando su música, mi padre cantando mentalmente, y yo oyendo su música. Hoy, la he escuchado. Y realmente me he perdido tantas palabras que resultan servir de inspiración, tantas verdades y tanto sentimiento oculto en lo que resultan ser sonidos o letras, según se oiga o se vea.
Y cierto es que con el paso de los años maduramos, afortunadamente, y aquellos que todavía creen estar sumergidos en su infancia abrirán un día los ojos y se arrepentirán de haber echado su tiempo a perder en banalidades sin importancia. Y nuestros padres tienen razón cuando nos decían "No lo entiendes, son cosas de mayores". Y nosotros nos ofuscábamos a causa de la ira, replicando sandeces. Los padres poseen más razón de la que queremos pensar. Y lo sabemos.

Quizás sea hora de ir cambiando aquel pop sin sentido alguno, cuyo único fin es vender cantidades cada vez mayores de discos para derrochar dinero, por canciones cuya letra produzca algo en nosotros, en nuestro interior, más que el deseo de bailar y cantar sin saber que hacemos o decimos.
Pero eso no significa que no vaya a conservar un ápice de mi infancia (recordando que todavía estoy en mis trece años, tan plenos y bellos cómo oigo decir, y resulta ser verdad), escuchando la canción del verano u otras más que hagan bailar mi reproductor de música.

De algo estoy segura. Ahora la música no servirá tan sólo como pasatiempo en nuestro tiempo libre (que también), sino cómo reflejo de la vida real en la que nos encontramos, con sus noches y sus días, sus injusticias y al contrario, su verdad y su mentira...

sábado, 7 de agosto de 2010

Principio fundamental de la ética.

Cómo he dicho en la anterior entrada, el permanecer a la raza humana trae consigo una serie de privilegios e inconvenientes (no sabría decir si más o menos de cada cuál, puesto que yo creo que si tu vida ha sido desgraciada, te lo devolverá con fortuna, hablando de hechos inmateriales, no dinero o bienes en abundancia)..
Privilegios como el hecho de que ahora esté escribiendo esto, como el de ser libres de elegir que queremos hacer con nuestra vida. Como dijo Fernando Savater en Ética para Amador, todos deseamos darnos una buena vida. Pero eso se puede interpretar como una buena vida, éticamente hablando, en beneficio a nosotros y todos los humanos que nos rodean, o tal vez una vida dedicada a los placeres y al beneficio propio, que acaba convirtiendo nuestro alma en un retrato putrefacto de nuestra conciencia (tal y cómo ocurrió en la obra de Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray) .

Y ése es nuestro mayor privilegio.
Esa libertad a la que algunos temen, otros creen inexistente, otros la utilizan de forma inadecuada... la libertad que poseemos al ser personas, que nos permite elegir unas u otras opciones con determinados resultados.
En esas ocasiones en las que utilizamos nuestro mayor derecho en beneficio propio, dañando a los demás, dándonos la llamada buena vida pero en esta ocasión mala, acabamos con una sensación de desagrado de nuestras acciones. El remordimiento.
Pero lo hecho, hecho está. Y como dijo Erich Fromm "Uno de los fundamentales principios de la ética es que todo lo que hagas a otros te lo haces también a ti", y sus consecuencias tal vez no queden grabadas en nosotros físicamente, pero sí psíquica y espiritualmente, lo cual es, en mi opinión, peor.
¿Es acaso mejor ser bello externamente, pero ser infelices a causa de un alma repleto de remordimientos y maldades grabadas como heridas abiertas y sangrando desgracia? No.

Así pues, utilicemos nuestra libertad con cabeza. Pensemos dos, tres, o las veces que sea necesario, lo que vamos a hacer antes de llevarlo a cabo, ya que podemos arrepentirnos. ¿La mayor prebenda que poseemos, y la utilizamos para hacernos daño?

Resulta un poco estúpido tirar piedras sobre nuestro propio tejado, pero resulta ser así. Con lo cual, si queremos un alma sana, y por lo tanto, una vida feliz, respetemos el derecho de los que nos rodean, que poseen por ser como nosotros, humanos frágiles ante este mundo tan inmenso.

(Y con lo anteriormente dicho, no se debe obsesionar uno. Tal vez actuemos según nuestros instintos y cometamos un error puntual, pero no por ello seremos eternamente infelices, ni mucho menos. Así aprendemos de nuestros errores, para no volver a cometerlos.
Quiero decir que debemos respetar, ante todo, y evitar a toda costa herir a nuestros semejantes).

"Si yo supiese algo que me fuese útil y que fuese perjudicial a mi familia, lo expulsaría de mi espíritu. Si yo supiera algo útil para mi familia y que no lo fuese para mi patria, intentaría olvidarlo. Si yo supiese algo útil para mi patria y que fuese perjudicial para Europa, o bien que fuese útil para Europa y perjudicial para el género humano, lo consideraría como un crimen, porque soy necesariamente hombre mientras que no soy francés más que por casualidad" (Montesquieu).





Sensaciones indescriptibles.

Tantos sentimientos que no soy capaz de expresar con palabras.
Mi condición humana trae consigo una serie de beneficios y desventajas, entre ellos las sensaciones, las cuales no podría colocar en un solo grupo de los anteriormente citados.
Se desbordan cúmulos inmensos de amor, ira, tristeza... de un mismo corazón.

viernes, 6 de agosto de 2010

Imposibles.


Tratando de engañar a la melancolía, exhibiendo una sonrisa inexistente.
Procurando recordar con alegría, llorar de felices, reír de contentos.
Pretendiendo mentirse a sí mismo, en vano resulta el intento.
Intentando cubrir de carcajadas los lamentos.

Patricia Marra.


Y cuan imposible resulta todo.







miércoles, 4 de agosto de 2010

Miedo al miedo..

Parece imposible no espantarse ante nada.

Algo muy común: la muerte.

No debemos temerle , puesto que es algo inevitable que nos llegará, de una u otra forma. A todos. Algún día veremos su rostro... ¿Y sí estamos temiendo a algo que nos lleva a un lugar extremadamente dulce y agradable? Le guardamos terror y pavor a algo que no sabemos siquiera como es.

En mi opinión, sólo debemos tener miedo del propio miedo. De que nos invada, no nos permita mostrarnos tal y cómo somos, que modifique nuestro carácter hasta el punto de no reconocernos a nosotros mismos.






Diagnóstico: Usted desea otro estilo de vida.

¿Qué hacer cuando todo nos resulta monótono? Cuando ya no nos sentimos felices realizando siempre las mismas actividades. Cuando nuestras inquietudes parecen haber quedado reducidas a cenizas.

Llega un momento en el que creemos haber probado todo para ser felices. Lo que creíamos nuestros sueños resultan ser deseos intermitentes, que se apagan y se encienden según nuestro estado de ánimo. Cuando el bienestar nos rodea, luchamos por conseguirlos, pero vuelve a una velocidad desmesurada la desgana y la rutina, y da de bruces contra nuestras ilusiones.

Si te ocurre eso... no existe diagnóstico médico o psicológico. Tan sólo, necesitas cambiar.
Un cambio radical, de país, de vida, y al final de sueños que perseguir y conseguir.

Lugares recónditos de nuestra mente, que de vez en cuando debemos explorar, y otras olvidar.

Recordar puede ser bello. O doloroso.
No debemos olvidar nuestro pasado como si jamás hubiera ocurrido, ni hundirnos en él lamentándonos de no poder revivirlo una y otra vez.
Debemos tener un pequeño escondite en nuestra mente, en cuyo interior conservamos nuestros recuerdos.
Dolorosos, agradables, todos están allí.


En los momentos de añoranza, abrimos la puerta y recordamos lo felices que fuimos, lo bien que lo pasamos, aprovechando cada minuto y segundo.

Antes de comenzar a berrear cual infante, cerramos la puerta y miramos hacia delante.
¿Y lo qué nos queda?

Aún no sabemos como será.
Pero todo lo que he hecho a lo largo de mi breve vida, de estos trece escasos años, ha mejorado a medida que pasaba el tiempo.
Así que de una cosa estoy segura:

El futuro, ese que tanto nos preocupa y nos preguntamos como será, resultará ser todavía mejor que cualquier pasado o presente vivido.

¿Simplezas? No,gracias.

Vidas simples, carentes de acontecimientos que sobresalten su estabilidad.
A veces echamos en falta aquella satisfacción de no ser como los demás, borregos de lo socialmente correcto, de lo que consideramos moral.
Si te dicen que eres distinto, tómalo como un cumplido. Si el "que dirán" no te afecta, eres digno de ser envidiado. Lo bello es lo que nos diferencia del resto de personas. Los pequeños defectos, las peculiaridades y costumbres propias, son partes de nosotros, de nuestra belleza y de precisamente lo contrario.

lunes, 2 de agosto de 2010

Tristeza que procura maquillarse de alegría, con tal de no alarmar a nadie..

Ahora, el título de este blog es relativo...
Sé que no debería lamentar nada, que en comparación con millones de personas, soy completamente afortunada, pero... hay instantes en los que todos los problemas absorben nuestros sentidos. Aquello que fue estable y nos exhibía una sonrisa, ahora grita de dolor y se ha venido abajo. De blanco a negro en apenas segundos.
Nos alivia, en parte, pensar que no durará toda la vida. Pero estos momentos de tortura con nosotros mismos, estas luchas internas en nuestra mente, no nos permiten vivir con tranquilidad.

Lo peor, el no poder expresar mis sentimientos a nadie. Ese suplicio interno, causado por determinados motivos, no puede salir de mi mente, o puede pero modificado y suavizado, de forma que parezca algo corriente. Y las escasas personas que podrían escucharme, e incluso lo harían sin problemas, no se encuentran dónde yo estoy ahora.


Pero todo tiene un aspecto positivo. Y al encontrarlo, conseguimos esbozar un leve atisbo de sonrisa. Muy leve, casi imperceptible, pero ahí se encuentra.
La fuerza de voluntad de luchar contra aquello que provoca daños, a nosotros y, al final, a los de nuestro alrededor, crece y de cierta forma nos satisface.


Y cierto es que observando el lado positivo nos sentimos mejor. De esta forma, hacemos un inciso para olvidar durante unos minutos nuestro dolor.

domingo, 1 de agosto de 2010

Mi corazón sufre, y su sangre, fruto del dolor, se transforma en lágrimas.

Prefiero, sin duda, sufrir dolor físico que la pérdida de esperanza de aquel amor improbable...
Ahora la improbabilidad se ha convertido en imposibilidad.

Conseguí superar su pérdida durante los próximos tres meses, y ahora me toca superar otra durante (prácticamente) toda una vida.


Me considero presa del amor, en todos sus matices: amistad, admiración... y cómo no, aquel que siento.

¿Creéis posible que un amor aumente (si cabe), teniendo en cuenta su nula reciprocidad?
Yo lo creo. Yo lo estoy viviendo.


Pintor de sonrisas,
amante del querer,
deseo ser junto a ti,
pues sin ti no soy..

Hace tiempo escribí estos versos con un sentido y un destino, y ahora han tomado un rumbo completamente distinto, tornando su significado al máximo...

Como bien he dicho en el título, la muestra del dolor de mi corazón es su sangre, que se transforma en lágrimas. Recuerdo que también escribí otro poema sobre las lágrimas...

Salada, amarga, veloz, corre por su tenue mejilla.
Signo de infortunios, quizá añoranza.
Lluvia de tristeza que nace en sus ojos, y desemboca en sus labios.

Tal vez no fuese así con exactitud, pero era similar. Estos versos reflejan tristeza, y el suplicio de sufrir en silencio, con tal de no alarmar a los que nos rodean, o tal vez con el fin de superarnos a nosotros mismos y crecer como persona.

El desamor, o, más a nuestro pesar, el amor no correspondido, provoca brotes de las anteriormente citadas lágrimas... Hasta que un día, decidimos dejar de sufrir. Hay más posibilidades. Cierto día, no muy lejano, un hombre, o bien mujer para algunos, llamará a la puerta de nuestro alma y encontraremos la pieza que nos faltaba para que este rompecabezas cobre forma y color.




Absurdas razones del corazón que nos atan al temido y anhelado amor..

Y cuando todo parece haber llegado a un cierto nivel de normalidad, cuando ningún acontecimiento surge de improvisto descolocándonos , un bache asoma entre la rectitud de nuestros días.
Lo que no buscamos nos busca a nosotros, en el momento más inoportuno.
Permanece un tiempo, unos breves instantes, y cuando lo que parecía extraño ahora es corriente, desaparece.

El amor puede considerarse un problema en el caso de no ser correspondido, y la mayor de las fortunas cuando lo es.
Hay amores imposibles por infinitas razones. Pero nos parecen absurdas cuando hablamos de sentimientos.
Si él te mira... todo parece temblar a tu alrededor excepto sus ojos. Bajas la mirada, rápidamente, para ocultar tus emociones. Mis ojos, en ocasiones, parecen ventanas de mi alma, y llegan a expresar lo más recóndito de mí.
Una mirada recíproca muestra timidez, calidez... pero cuando yo observo, de reojo, su rostro, su torso... expresa deseo. En todos sus matices. Deseo de besar, de acariciar, de compartir una palabra o tal vez una sonrisa, deseos de... que me corresponda.

Dejando de lado las atracciones, la tensión causada por la belleza que exhuma... es el cariño y el afecto. Lo primordial parece ser que lleguemos a algo con aquella persona. Vamos buscando roces y miradas, y no conseguimos nada. Pero, al final, comprendemos que lo que de veras deseamos para esa persona es su felicidad. Si puede ser felicidad causada por nuestra presencia, todavía mejor, pero queremos que no sufra.
Imaginarle llorando... me duele tan sólo pensar en esa imagen.
Si le ocurriera algo, no podría soportarlo. Y lo sé. Y si alguna persona, la que fuese, le causara el menor daño, no se lo perdonaría jamás.


Amor... como un cielo abierto ante nosotros que nos rodea de forma inconsciente. Cuando todo parece nublado, ansiamos deshacernos de él, pero cuando está azul, en su plenitud, lo saboreamos y disfrutamos de él como si se tratara de un exquisito manjar.





sábado, 31 de julio de 2010

Pasados que más vale olvidar.

Olvidar y dejar atrás es, en ciertas ocasiones, la mejor forma de vivir.
Centrarse en el presente, olvidar el pasado, construir un futuro.

¿Si nos duele recordar aquello que hemos vivido, por qué recordarlo?
Más vale ser feliz y hacer felices.

viernes, 30 de julio de 2010

Personas sin personalidad...

Cuando procuramos adentrarnos en aquello a lo que no pertenecemos, adaptándonos a costumbres y modales completamente dispares, terminamos con una sensación de arrepentimiento, un "¿Por qué hice eso?" a lo cual decidimos no responder para no hacer de la situación algo todavía más ridículo (si cabe).
La respuesta habitual a la anterior pregunta suele ser: "Así lo hicieron todos".
Y me pregunto yo... ¿Qué ha sido de nuestra autoridad propia para decidir que hacer o no hacer? ¿Se han esfumado aquellas personalidades que no tratan de asimilar detalles de otras, sino indagar en busca de éstos?
Y si todos somos iguales en cuanto a costumbres se refiere, y resultamos encontrar a alguien con un poco de dignidad y personalidad... ¿Por qué le seguimos discriminando al no realizar lo mismo que hacemos? Por envidia.
Así, sin más. Añoramos aquella alocada sensación de hacer lo que queramos, no estar atados a personas, profesiones o cualquier clase de obligación.

Por qué no ser tal y como somos, sin miedo ante el temido "¿Que dirán?"...
Tal vez así nos introduzcamos en la sociedad mejor de cómo pensamos.


jueves, 29 de julio de 2010

Esperanzas..¿En vano?

Es peor amar y dejar atrás, con esperanzas, que amar y no ser correspondido. Lo segundo se olvida con el paso del tiempo, pero al contrario, de la otra forma aún conservas un pedazo de ese amor, irrompible, hasta no obtener un sí o no por respuesta..

martes, 27 de julio de 2010

1

La semana pasada todo habría parecido absurdo. En el caso de habérselo contado a alguien, me habrían tomado por demente. Nunca creí en aquellas historias, tan sólo eran producto de mi imaginación. Pero, al parecer, todo tiene motivo alguno para ocurrir. Es parte del destino. En esta ocasión, de mi destino.


Hace una semana:

Estoy sentada frente al escritorio, con los dedos tecleando el portátil. Debería entregar la novela en una semana. En realidad, tardo tanto porque tengo dos ideas en mente. Una trata sobre el vivo reflejo del miedo, sobre cómo sería observar el rostro personificado del terror. El sentimiento de temor de cada persona cobraba vida, y según los miedos de cada persona adquiría distintas formas. Se sitúa en la vida de cada ciudadano y narra en primera persona como vive cada uno sus últimos minutos ante la mayor pesadilla de su vida. Aún me encuentro pensando un final impactante, pero que a su vez deje buen sabor de boca, y no todo trate de aterrorizar a los lectores. Creo que es una novela que gustará.

También escribo un breve borrador sobre cómo sería el día a día de alguien que, inconscientemente, puede controlar de cierto modo la vida de todas las personas. Dicha obra posee ingredientes opuestos: pánico y bienestar, cuya combinación hacen de cualquiera que lea cada línea presa de un sinfín de sentimientos. Tal vez el lector en un periodo de unas horas, haya experimentado un pavor y un alivio absolutos.

Suena el teléfono. Me sobresalto, puesto que en este instante escribía precisamente como la pesadilla y su víctima entablaban una conversación telefónica. Pero me tranquilizo. Es ficción.

Al teléfono escucho una voz irreconocible. No sabría decir si se trata de un hombre o de una mujer, pero dice ser la directora de la editorial a la que escribo. Su nombre es Bárbara. Recuerdo haber conocido otra mujer con el mismo nombre, pero en este instante no consigo asociar un rostro. Estoy demasiado excitada por la llamada y por procurar comportarme de forma correcta, tal y como ella espera, en vez de anunciar a gritos lo satisfecha que estoy con mi primera novela. La primera de muchas, espero.

Cuando hablo por teléfono con Bárbara, soy incapaz de prestar atención a otra cosa que su voz. Parece atractiva en un principio, pero deja entrever resquicios de frialdad y maldad. Una voz que esperas encontrar en la protagonista de una película de terror, y a su vez que podría ser de una mujer susurrando al oído de su marido. Cuando creo captar el aliento frío de Bárbara a través del teléfono, escucho pronunciar unas palabras ininteligibles. Confusa, le pido amablemente que repita lo último dicho y ella contesta que tan sólo me espera la semana que viene en una dirección que apunto rápidamente y parece corresponder al edificio de la editorial.

Cuelgo después de escuchar los pitidos que anuncian el fin de una llamada. Que mujer más extraña, más bien misteriosa. Me trataba como una vieja amiga a la que anhela ver, como si supiera exactamente como atraer mi atención.

Supuse que eran estrategias para resultar amable y que así yo tratara de satisfacerla con mis novelas. Tranquila, Bárbara, estarás más que satisfecha. Todo va a la perfección.


por ahora.

lunes, 26 de julio de 2010

Los días pasan y los recuerdos continúan.


A las dos y cuarto de la mañana rondaban por mi mente pensamientos completamente dispares.
Anhelaba su voz, deseaba escuchar ese sonido que llenaba el vacío de mi corazón.
Cuando estaba segura de llamarle, marcaba su teléfono en mi móvil, y siquiera acabé de escuchar un "¿Hola?" al otro lado del aparato, pulsé la tecla roja que indicaba el fin de la llamada.
"Cobarde, no eres capaz de hablar con la persona que quieres". Dichas palabras provenían de una parte de mi mente.
La otra parte pensaba que lo más sensato era esperar a que llamase él (si se dignaba a hacerlo). En el caso de no llamar, no estaría interesado en mí.
Pasaron minutos que parecieron horas, horas que parecieron días... y así sucesivamente. Mi taza se llenaba y vaciaba de café a una velocidad desmesurada, y mis ojos estaban cada vez más abiertos y yo, más despierta.
Con el afán de olvidarme de todo aquello, decidí dar una vuelta por los alrededores de mi casa.
Los bares que siempre frecuentaba se encontraban cerrados, pero uno de ellos estaba todavía abierto.
La puerta estaba entrecerrada, y el dueño recogiendo las míseras propinas que había recaudado.
-¿Cómo ha ido hoy, Mathias? - Qué absurda me pareció la pregunta después de observar como Mathias se encogía de hombros, y señalaba la caja registradora prácticamente vacía. - El verano es una época de escasas ganancias, lo sabes ¿no?. Vacaciones, bares situados a orillas de la playa dónde siempre huele a aceite y alcohol, fiestas nocturnas... La gente parece olvidar que donde son realmente felices es en los lugares de siempre con los amigos que nos han acompañado toda la vida.
Mathias me miró, sonrió a modo de agradecimiento, y suspiró. Parecía triste. Rectifico, estaba triste.
Su siempre vivaz mirada añil ahora parecía desolada. Algo debía de ocurrirle a aquel joven empresario.
-Liz, siento la descortesía, pero en estos momentos estoy cansado y con ansias de caer en un sueño profundo. ¿Y tú, otra noche en vela?
Bastó escuchar mis suspiros de desgracia para comprender que así era.
¿Por qué nos sumergimos en el pasado, nos anclamos a él y construimos nuestro futuro con el propósito de revivirlo? Inexplicable. Como otras muchas cosas.
Pedí amablemente algo para comer y un refresco, y traté de hacer añicos la sensación de añoranza que plagaba mi cuerpo.




domingo, 25 de julio de 2010

El frío golpe de la realidad..

Tal vez sea hora de abrir los ojos, creer lo que está ante nosotros en vez de procurar ignorarlo, y ser feliz de otras maneras distintas.

Vivir en un mundo de mentiras nunca es eterno. Acabas abriéndote ante la verdad, o ella termina por golpearte de frente, causándote aún más dolor.


Cierto es que nos parece preferible que las cosas continúen como siempre lo hicieron, que su rumbo sea regular y preciso. La rutina puede llegar a formar parte de nosotros de tal forma que nos alegra. Un cambio descolocaría todo, nuestras vidas, nuestra paz.
Pero tal vez todo deba cambiar de una vez, y descubrir que los días no son instantes, en ocasiones breves, en ocasiones más extensos, que transcurren uno detrás de otro, en fila, sin esperar sorpresa alguna. Los días son limitados, así que nos conviene saborear cada segundo como el más exquisito manjar.
Se dice que el tiempo es oro. El oro es algo material, algo que carece de valor sentimental. El tiempo es más que eso. Es un regalo que se nos brinda para aprovecharlo y disfrutarlo, y no hacemos más que malgastarlo y buscar excusas para deshacernos rápidamente de él.



El tiempo es un valor escaso gracias al cual disfrutamos de aquellas delicias y sinsabores que la vida nos ofrece..


jueves, 22 de julio de 2010

Más débil de lo que pensaba.

Pasan los días. Todo cambia a una velocidad increíble.
Un día caigo, un día me levanto, vuelvo a caer... Pensando que realmente me ha servido para aprender de mis errores, pero no hago más que cometerlos repetidamente.
Pero, ahora todo va a cambiar. Lo prometo, incluso lo juro.
Algún día cambiará, pero hasta entonces cumpliré la promesa.
Cuando esté a punto de fallarme a mí misma, recordaré las consecuencias que tiene.
Lo hago por mí, lo hago por ellos.

Prefiero no pensar que pasará si vuelvo a fallar. Basta con no hacerlo, y no tendré siquiera que hacerme la idea.


domingo, 11 de julio de 2010

¿Edad o madurez? No son directamente proporcionales.

Las tres de la mañana.
Hoy es mi cumpleaños.
Dicho así, tan fríamente, parece que no me importa en absoluto.
Y es la realidad.

De acuerdo, no voy a negar que es agradable el hecho de escuchar decenas de felicitaciones, recibir regalos, soplar velas... también pedir deseos, que puede que algún día se cumplan, o tal vez no.
Quizá por tradición todavía se festejan los cumpleaños de dicha forma.

Globos, papeles de regalo por todas partes, dulces, y los entrañables tirones de orejas.

Pienso yo...¿Acaso van a notar un año más? De un día para otro, nadie madura, nadie crece, nadie cambia. Un día más, con la simple diferencia que recibes regalos.


Para mí, la edad no se mide en años, ni días, ni en cualesquiera de las medidas de tiempo que existan.
La edad de una persona se determina por su madurez, que se va adquiriendo según vive unas u otras experiencias en su vida. Quizá un hombre de cuarenta años sea más inmaduro que uno de veinte. ¿Por qué no?


A todo esto, prefiero decir que "cumplo" quince años , a juzgar por mi madurez,
pero en cuanto a la realidad se refiere... a partir de este mismo día, tengo trece años.


viernes, 9 de julio de 2010

Recuerdos..¿?

"Marina me dijo una vez que sólo recordamos aquello que nunca sucedió"
Carlos Ruiz Zafón - Marina


Historias imposibles que nuestra imaginación construye, pieza a pieza. Amores improbables que permanecen clavados en nuestros corazones como espinas, sumamente indestructibles.
Fantasías que nos hacen soñar despiertos...



Sueños cercanos, felicidad presente.

Cuando no puedas más, cuando sientas que nada te sonríe, cuando llores sin tener un motivo presente...
Cierra los ojos con fuerza. Sueña con aquello que deseas. Cuenta los pasos que quedan para alcanzarlo. No te agobies si son demasiados, nunca lo son.
Fantasea con ello, aliméntate de tus ilusiones día a día, ríete de los baches del camino, pues créeme, los habrá. Mayores o menores, pero ahí estarán, para enseñarte que no todo es bueno. Si todo fuera bueno, la monotonía haría que realmente todo fuese malo de mero aburrimiento. Piensa en ello y entonces verás que es verdad.

Con lo malo, aprendemos, con lo bueno, mejoramos. Cada día más cerca de alcanzar nuestros deseos y ambiciones.

Saborea cada instante de felicidad mientras lo vivas como el más preciado manjar, para no tener que hacerlo a base de recuerdos.



La felicidad, aquella extraña... no descansaré hasta encontrarla.


jueves, 8 de julio de 2010

Obsesiones.

. En ciertas ocasiones, hay adicciones que creemos que nos harán pasar un buen rato. Algunos muerden el anzuelo... Cuando descubren dónde están, creen que es demasiado tarde y no luchan por continuar. Ése es su fallo. Dan por supuesto que, llegados al punto en el que se encuentran, luchar por vivir de nuevo una existencia digna de llamarse vida, es algo absurdo.

Ahora nosotros pensamos "es su problema, no haber caído en la trampa de la tentación".
A parte de ser egoísta por nuestra parte pensar eso, deberíamos pensar también que cualquier día nos puede ocurrir. Sin darnos cuenta, por presumir, por fines simplemente superficiales...
Incluso, lo que pensamos que no es un problema, una obsesión, algo que podemos detener cuando así lo deseemos... resulta no ser así.
Creemos controlar la situación, pero es ella quien nos controla.
Por suerte, existen personas que nos ayudan a superar todas esas dificultades. Se preocupan y luchan por nosotros, nos auxilian cuando necesitamos ayuda y cuando no, nos protegen de cualquier tentación... Se ofrecen como refugio.
Cuando todo acaba, cuando conseguimos superarlo... ellos se sienten orgullosos de nosotros porque lo hemos conseguido. ¡Alguien orgulloso de nosotros! Es una sensación increíble. Yo pienso que a esas personas les debemos más que un mero agradecimiento.

Tampoco es cuestión de preocuparse por absolutamente todo lo que hacemos. Tan sólo, concentrémonos en vivir la vida.
Llegará un día (más próximo, menos próximo, eso no lo sabemos) que no podamos volver a caminar, a comer, a respirar, por nosotros mismos. Echaremos de menos todo aquello.
Quizá lamentaremos no haber aprovechado mejor el tiempo... y nos abrumará el saber que jamás lo recuperaremos, que lo hemos perdido.
Ahora es el momento de vivir. Aprovechar el tiempo, no obsesionarse por hechos ridículos.
Vivir para vivir.



Ahora, no volver a caer, combatir contra la incitación a hacerlo... Es difícil. No siempre se consigue, lo sé. Tan inevitable..
Pero continúa, pelea, combate... ya no por ti, sino por ellos.


miércoles, 7 de julio de 2010

Ha vuelto.

Aquel día a la hora en la que todo empezó.

No podía concentrarme. Los exámenes de la facultad estaban próximos, y decenas de libros invadían mi escritorio. Libros que me resultaban increíblemente aburridos, y a pesar de ello poseían páginas y páginas subrayadas, marcadas, destrozadas por el uso.
Iba y venía de un lado a otro, debí recorrer la casa cientos de veces. De mi habitación al salón, del salón a la cocina, de la cocina a... en fin.

Cuando creía haber olvidado todo, haber introducido mis recuerdos en un recóndito lugar de mi mente, todo volvía a empezar.
Llevaba un tiempo sin volver a verle.
Recuerdo la fecha exacta:

Trece de octubre de mil novecientos noventa y siete.
Rondaban las cinco de la tarde, las seis quizá.
Las clases habían terminado hacía varias horas, y me encontraba en la cafetería. Le pedí una bebida a un atractivo camarero, de tez oscura y ojos claros.
Continué mi lectura, esta vez se trataba de Despertar (L.J .Smith). A apenas diez páginas de acabar el libro, la puerta de entrada se abrió. Lo percibí por el tintineo de las campanas que colgaban de dicha puerta. No levanté la vista, tan sólo desvié la mirada de la página que leía hacia la vestimenta de aquel que entró.
Deportivas rojas, pantalones vaqueros. Continué elevando la mirada. Camiseta azul añil, que permitía admirar su excelente forma física.
Observé sus facciones. Eran perfectas, y su conjunto construía la faz más dulce que jamás había tenido el placer de contemplar. Tez pálida, cabellos castaños, grandes ojos verde oliva, sonrisa no menos que angelical.
Reparó en que le estaba examinando de arriba a abajo, y se acercó a mi mesa. Procuré concentrarme de nuevo en la lectura, pero era imposible.


Ahora, han pasado casi trece años.
Le conocí en profundidad. La dulzura de su rostro no estaba en equilibrio con la de su personalidad.
Era cruel, sanguinario... era un asesino. Me había enamorado de un criminal. Pero el corazón actúa por sus propias razones, sin pensar.
Cuando le dieron por muerto, tras derramar lágrimas diariamente, levanté la cabeza y comprendí que la vida seguía. No sería igual, quizá nunca me volvería a enamorar, pero seguía.
Y ahora... él ha vuelto.


martes, 6 de julio de 2010

Miedo y temor.

Me encontraba sentada al borde de la orilla . En pleno atardecer, las olas iban y venían dulcemente, como quien mece la cuna de un pequeño. El mar, con su azul intenso, me hacía sentirme pequeña.
Yo escribía en mi libreta negra todo lo que discurría por mi peculiar mente.
Escuché pasos. Y nadie solía presentarse en esta playa, excepto yo.
Eran débiles al principio, cada vez se escuchaban más cercanos. Percibía como mi respiración era más acelerada, y mi corazón latía cada vez más deprisa.
No sabía que hacer. Pensé en huir, pero un extraño pensamiento invadía mi cerebro, convenciéndome que no serviría de nada, que aquello que estaba a escasos metros de mi me atraparía en cuestión de segundos.
Decidí permanecer quieta. Si era un animal, no me haría daño al no verse atacado.

Pasaron minutos que parecieron eternos. Cuando creía que todo se había calmado, cometí un error. Un terrible error.
Me di la vuelta.
Lo vi.
Todo fue increíblemente rápido, pero todavía lo recuerdo. Su rostro era siniestramente bello.
Me miraba. Tan sólo me miraba con unos exorbitantes ojos rojos. Tan rojos como... la sangre.
Sonreía. Su sonrisa era tan atractiva que me invitaba a ir hacia él.

Me vi hipnotizada por su tétrica belleza. No paraba de repetirme que no me haría daño.
Me acerqué un poco. Y un poco más.
El me miró por última vez. Sus ojos se vieron surcados repentinamente por ojeras color púrpura.


Se precipitó hacia mí. No podía retenerlo. Hice amagos de gritar, pero mi garganta estaba siendo desgarrada por unos colmillos, antes blancos, ahora rojos.
La sangre se derramaba, no paraba. El dolor era tan descomunal que perdí el conocimiento.


Segundo.

Levanté la vista y me crucé con sus ojos. Verdes, azules, grises... de un color insignificante comparado con la intensidad que desprendía su mirada.
Le agradecí que recogiera mi libro, explicándole mi inmensa torpeza a modo de disculpa. Pude observar como reía.
Aquella risa me producía una sensación de incomodidad. Quién sabe si el motivo por el que reía era mi ridículo intento de resultar atractiva. Sería eso, puesto que no recordaba haber dicho nada gracioso.
De repente, mis intentos de seducirle, mediante absurdos movimientos de pelo y alguna sonrisa pícara, se transformaron en deseos de irme.

Tomé el libro de sus manos rápidamente, vigilando que el marca páginas permaneciera en su lugar. Estaba intacto.
Con un breve "hasta luego", me puse en pie dispuesta a continuar mi camino y a retomar mis pensamientos, melancólicos pero, al fin y al cabo, reales.

Un "espera" llegó hasta mis oídos. Giré la cabeza y pude comprender que había sido él quién lo había dicho.
Le pregunté si quería algo, procurando mantener una actitud prepotente.
-Mi nombre es Eric.
Vaya... Quizá mis grotescos intentos de seducción habían surtido efecto.


Lo que yo no sabía, es que a partir de ahora ese nombre revolotearía en mi mente día y noche, sin apenas dejarme descansar.

lunes, 5 de julio de 2010

Música que hace sentir.

Hay canciones que nos hacen sonreír, porque nos recuerdan sucesos agradables que ocurrieron mientras esa melodía endulzaba el ambiente.
Estribillos pegadizos, letras que se asemejan a nuestra historia, voces que somos incapaces de olvidar...

La música puede ser una salida de nuestros problemas.


Así pues, sonríe, abre bien tus oídos y disfruta.


martes, 29 de junio de 2010

Lágrimas..

En este preciso momento, me encuentro recordando vuestros rostros.
Cada uno refleja felicidad, viveza, ilusión...
Con el paso del tiempo, vamos queriendo a las personas que nos acompañan en nuestra vida.
En un principio, cuando no les conocemos, podemos poseer una mala impresión de ellos.
Les juzgamos por su carácter, e incluso por hechos absurdos e inmateriales como su forma de vestir.
Día a día, entablamos con ellos conversaciones sumamente agradables. Disfrutamos en aquellas charlas diarias, y anhelamos con fuerza que llegue la siguiente.
A pesar del apuro que nos da confesar nuestros sentimientos, procuramos reflejar nuestro cariño en hechos como sonrisas, cumplidos...promesas.

Y un día llega el momento de despedirse.
Sin darnos cuenta, los diálogos que parecían eternos han llegado a su fin.


¿Por qué no nos damos cuenta de lo que poseemos hasta que lo perdemos?


domingo, 27 de junio de 2010

Primero.

Me encuentro entre el gentío.
Mi mente procura centrarse en la letra de la canción que escucho, repitiéndola una y otra vez, memorizándola, sin obtener resultado alguno.
El sol brilla con plenitud. Parece rebosar de felicidad, y nos muestra su sonrisa a través de la luz que refleja en nosotros.
Camino a paso rápido, a pesar de no tener prisa.

Cada paso que doy, escucho una carcajada. Cuando levanto la vista, todos sonríen, exhibiendo su bienestar, su contento, su satisfacción.
Madres abrazando con ternura a sus hijos, parejas compartiendo miradas intensas...
Y me pregunto... ¿Qué pasa conmigo? ¿Este mundo repleto de hombres y mujeres dichosos no tiene lugar para alguien desgraciado?

Mientras me coloco mis gafas de sol para procurar ocultar la luz, algo extraño ocurre.
El libro que llevaba en la mano, Chocolate con lluvia, cayó al suelo.
Una extraña mano lo recogió y lo tendió sobre mi mano.



Terribles ganas de decir adiós.

Hay instantes en la vida en los que anhelamos desaparecer. Olvidarnos de todo lo que nos rodea, incluso de aquellas personas a las que diariamente queremos y deseamos estar con ellas.

En mi caso, me ocurre con frecuencia. En apenas dos meses, me iré. Durante poco tiempo, pero no estaré junto a todas aquellas personas que siempre me han acompañado.
Despertaré sin observar el rostro de mi madre, estudiaré en una escuela completamente distinta e incluso hablaré un idioma distinto al que actualmente hablo.

Me duele decirlo, pero deseo irme.
De acuerdo, extrañaré diariamente esta vida. Sobre todo a dos personas. Las echaré de menos como a nada.

Entre ellas se encuentra... él. A pesar de todo, de sus desvíos, de sus silencios, le quiero. Cada vez que atisbo su rostro en la lejanía, mi corazón comienza a latir a un ritmo desmesurado. Procuro olvidarle, y espero conseguirlo.

Otra de ellas... ya sabe quién es. Ella sabe a quién me refiero. Y con ello me basta.


Aun echando de menos, mis ansias de olvidarme de esta rutina desesperante, de este amor imposible, de estas obsesiones diarias... crecen y crecen sin medida.


viernes, 25 de junio de 2010

Gracias.

Los seres humanos somos ,por naturaleza, sociables.
Encajamos de una u otra forma con nuestros semejantes, dependiendo de su carácter, de sus semejanzas respecto a nosotros mismos y otras muchas características que tratan de cada hombre o mujer.

Existen personas con las que mantenemos un vínculo particular.
Apenas las conocemos, pero nos causan una inmensa cercanía, y sentimos que tratamos con ellos desde hace una eternidad.
Comparten nuestros pensamientos y sentimientos, lo que nos colma de alivio y comprensión.
Son plenamente alegres. Ríen sin cesar, y sus carcajadas son transmitidas a aquel que las escucha.
Es en aquellos momentos cuando percibimos la felicidad, con pequeños gestos que se transmiten de unos a otros.

Nos preocupan sus problemas, y viceversa.
¡Resulta tan satisfactorio concernir en la vida de aquellos que nos importan...!


A esas personas yo les agradezco cada recuerdo que poseo de ellos. Todos los momentos, escritos, sonrisas y risotadas que hemos compartido.

En especial, a una persona que tengo el placer de conocer desde hace escaso tiempo.
Gracias, Polo.


jueves, 24 de junio de 2010

Amor...Estúpido y placentero!



Es aquella sensación de desvivirse por una persona la que nos hace despertar cuando estamos enamorados. El mero hecho de poder ver a dicha persona nos hace felices, nos provoca una sonrisa. Aquella sensación que llamamos de mariposas en el estómago es extremadamente agradable.
Llegamos a esperar durante horas a que nos conteste al mensaje que hace tiempo enviamos.
Nos preguntamos por qué no se despidió de nosotros de la manera que queríamos. Por qué no nos llama.
De una sonrisa hacemos un mundo; la concebimos como promesa de amor eterno.
Una irritada contestación simboliza un rencor y una aversión constantes.

¿Por qué no permaneceremos en un punto medio? Ni tanto ni tan poco.
Yo misma me hago esta pregunta, pero yo misma la incumplo.

Al estar enamorado, se es incapaz de controlar las sensaciones. Son sentimientos extremos; o bien absolutamente satisfactorios o bien plenamente dolorosos.
Tratamos de modificar cada gesto y palabra para que signifiquen distintas cosas.

Procuramos llamar de forma incontrolable la atención a nuestro ser amado. Vaya, y nosotros sin darnos cuenta de que lo que les atrae a las personas no es la pesadez, sino diría yo más bien la indiferencia.


Estúpido amor que nos hace cometer locuras y nos sumerge en un estado de demencia, y placentero a su vez cuando es correspondido, por la ternura que desprende.


A pesar de todo ,creo que el amor (correspondido, no hablemos de amores improbables), se alimenta de la locura que se desata día a día, de aquellos pequeños gestos, de los besos, las caricias, de ese "qué mas da lo que digan.."




Por el amor, que algún día rebosará de nuestros corazones.



túyo...



Soledad.

Extraña y desconocida para algunos, amiga y amante de otros.
¡Cuan temida es la soledad, sin razón alguna! Si de veras le dedicásemos un tiempo, podríamos comprender que no nos causa tanto daño. De hecho, en ocasiones es recomendable.

Diversos sinónimos de soledad: aislamiento, abandono, melancolía, tristeza... "¡Vaya,así que no era tan mala!" Lo cierto es que no.

Son aquellos momentos en los que uno mismo piensa, procura comprender lo que ocurre a su alrededor... cuando más crece como persona y aprende a valorar a los demás.


Determinadas personas son completamente autistas; se aíslan en sí mismas, el mundo exterior les resulta poco o nada interesante. Su vida se basa en ellos mismos.
No debemos llegar a tal extremo.

Tampoco debemos depender completamente de los demás. En el momento en el que nadie nos acompaña, se apodera de nosotros una colosal ansiedad. ¿Que haré yo ahora? Hiperventilamos tan solo de pensar en quedarnos completamente solos.


Lo ideal y sano es permanecer en un punto medio. Ser sociable, amable con los que nos rodean, pero de vez en cuando dedicar un instante a cavilar sobre nuestro futuro, presente y pasado, sobre la vida misma, sobre ti, sobre mi.


Noches en vela, reflexionando.

En ocasiones, algo nos impide dormir.
Nuestra mente se ve invadida por decenas de pensamientos de lo más dispares.
Puede que la emoción de un suceso que haya ocurrido con anterioridad y nos haya colmado de alegría continúe revoloteando en los más recónditos lugares de nuestro cerebro. Lo recordamos repetidamente, al mínimo detalle, deseando con todas nuestras fuerzas volver a vivir lo pasado.

Tal vez ocurra lo contrario y sea algún incidente que nos haya entristecido, lo que no nos permite descansar. Una situación desagradable, palabras de las cuales nos arrepentimos... cientos de actos han podido suceder


En este preciso instante, me hallo con una incapacidad de conciliar el sueño.
No comprendo muy bien el por qué, estoy confusa.
Mi razón se ve indecisa entre la felicidad y la tristeza, sin saber cuál proclamar ganadora.
Obviamente, la felicidad, dirán algunos.
¿Y sí la vida fuera constante felicidad? ¿Acaso no aprendemos de los errores más que de nada?
Así es en mi opinión.



miércoles, 23 de junio de 2010

A todas aquellas personas...

Des/afortunadamente, el tiempo pasa...
Crecemos, maduramos, y vamos comprendiendo que una cosa u otra debe seguir un rumbo distinto, cambiar de forma radical.

Aquello que hace unos años nos preocupaba, hoy nos parece tan absurdo que incluso reímos al pensar en ello.
Ahora, nuestras preocupaciones son, en cierto modo, más dignas de serlo. Aunque quizá todavía damos demasiadas vueltas a hechos innecesarios.

Conocemos personas que marcan nuestra vida, de distintas formas.
Gente que conocemos desde siempre y nos resulta cercana, querida... gente que nos hace reír de cualquier manera.
Gente que admiramos, y deseamos parecernos siquiera algo a ellos.
Son aquellos amigos, compañeros,familiares... que nos han acompañado en diversos momentos, buenos, malos, intermedios.
Llevamos toda una vida a su lado, hasta que cierto día llega el momento de separarse.

Lágrimas acuden a nuestros ojos, palabras de afecto a nuestros oídos y caricias a nuestras mejillas.
Cuan duro es decir adiós a aquellas personas que queremos, ¿cierto?

Considero que no es necesario nombrarlas. Ellas ya saben quienes son.
Aquellas que me han apoyado, hecho sonreír o reír, y me han ayudado. Personas que realmente quiero.

Hasta pronto,
Patricia.

Simplemente él.


Domingo por la mañana.
Me niego a levantarme de la cama.
Aquella aglomeración de sábanas que me acompañaban a principios de la noche se encuentran ahora bajo mis pies.
Me doy la vuelta, y observo su sonrisa entre sueños.

Cientos de recuerdos acuden a mi mente.
Aquella primera mirada...Apenas nos conocíamos. Para entonces, ni yo conocía su nombre ni él conocía el mío. No sé cómo,pero algo ocurrió para que nuestros ojos se encontraran.
Fue extraño. Un ápice de luz iluminó nuestra mente. Sentimos como diversas sensaciones acudían a nuestros corazones. Ternura, atracción, tristeza, comodidad... y un comienzo de ese amor que hoy continúa existiendo.

Aquel primer beso...
el primero de todos. Tan tierno... En él, se muestra la torpeza e inexperiencia, acompañados de una extrema delicadeza,suavidad.
Es inconcebible como con un simple contacto se pueden sentir tantas emociones simultáneamente.

Vuelvo en mí. No sé cuantos minutos habían transcurrido, pero él había comenzado a despertar.
Al verle, no puedo evitar mostrar la misma sonrisa que el asomaba hace unos instantes.
Me pregunto en que estaría soñando, pero sus inusitados ojos contestan por él.