Nuestra mente se ve invadida por decenas de pensamientos de lo más dispares.
Puede que la emoción de un suceso que haya ocurrido con anterioridad y nos haya colmado de alegría continúe revoloteando en los más recónditos lugares de nuestro cerebro. Lo recordamos repetidamente, al mínimo detalle, deseando con todas nuestras fuerzas volver a vivir lo pasado.
Tal vez ocurra lo contrario y sea algún incidente que nos haya entristecido, lo que no nos permite descansar. Una situación desagradable, palabras de las cuales nos arrepentimos... cientos de actos han podido suceder
En este preciso instante, me hallo con una incapacidad de conciliar el sueño.
No comprendo muy bien el por qué, estoy confusa.
Mi razón se ve indecisa entre la felicidad y la tristeza, sin saber cuál proclamar ganadora.
Obviamente, la felicidad, dirán algunos.
¿Y sí la vida fuera constante felicidad? ¿Acaso no aprendemos de los errores más que de nada?
Así es en mi opinión.
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