domingo, 27 de junio de 2010

Terribles ganas de decir adiós.

Hay instantes en la vida en los que anhelamos desaparecer. Olvidarnos de todo lo que nos rodea, incluso de aquellas personas a las que diariamente queremos y deseamos estar con ellas.

En mi caso, me ocurre con frecuencia. En apenas dos meses, me iré. Durante poco tiempo, pero no estaré junto a todas aquellas personas que siempre me han acompañado.
Despertaré sin observar el rostro de mi madre, estudiaré en una escuela completamente distinta e incluso hablaré un idioma distinto al que actualmente hablo.

Me duele decirlo, pero deseo irme.
De acuerdo, extrañaré diariamente esta vida. Sobre todo a dos personas. Las echaré de menos como a nada.

Entre ellas se encuentra... él. A pesar de todo, de sus desvíos, de sus silencios, le quiero. Cada vez que atisbo su rostro en la lejanía, mi corazón comienza a latir a un ritmo desmesurado. Procuro olvidarle, y espero conseguirlo.

Otra de ellas... ya sabe quién es. Ella sabe a quién me refiero. Y con ello me basta.


Aun echando de menos, mis ansias de olvidarme de esta rutina desesperante, de este amor imposible, de estas obsesiones diarias... crecen y crecen sin medida.


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