Trataba de avanzar a velocidades ilegales sobre el húmedo asfalto. (Tal vez sería más apropiado el término calado).
Las ruedas giraban produciendo un estruendo, tampoco desagradable, y la lluvia chocaba débil pero continuamente con el coche.
Cada metro que avanzaba, me daba la impresión de observar una campiña de verdes tonalidades más y más intensas.
Llegué y supe, exactamente, que era el lugar. Es extraño no poder describir con palabras ese sentimiento de magnetismo con algo o alguien. Tan sólo, tú corazón conoce la razón de dicha atracción, inútil de explicar con palabras, más posible de experimentar en su mayor potencia.
Y a continuación...sólo se me ocurrió observar aquel momento con ojos brillantes y deseosos de atisbar cada detalle que componía aquel exquisito fruto de la naturaleza.
sábado, 28 de agosto de 2010
Magnetismo irrevocable.
jueves, 26 de agosto de 2010
Saber perdonar..Historias de mi nuevo libro.
Stef era un hombre razonablemente anciano. Rondaba los sesenta y tres, año más, año menos.
Poseía un cabello blanco impoluto, que reflejaba el brillo de la luz más tenue.
Dos inmensos ojos avellana, tal vez miel.
En más de una ocasión criticó mis escritos, discutiendo sin cesar la tristeza que transmitía la mayoría de ellos. Tenía razón.
De hecho, me convenía estar de acuerdo con él. Noventa y nueve de cada cien veces lo que advertía se cumplía, y lo que decía creer saber era cierto.
Nunca me había fijado, pero llevaba una palabra tatuada tras la oreja. No conseguía que me revelara el significado. La convicción que yo poseía de que lo descubriría tarde o temprano me embargaba noche y día.
No sabía cocinar, como cualquier hombre que hubieses podido conocer de su época. El machismo corría por sus venas y yo trataba de eliminarlo con medicamentos en forma de represalias y largas charlas. Pero Stef no solía cambiar de opinión.
Aún sin conocer secretos gastronómicos, adoraba degustar los platos que yo le preparaba.
Él consideraba una infracción saborear la dulzura del chocolate, y mordisquear lentamente las entrañas de la mejor manzana.
En cuanto a aficiones... Amaba viajar, amaba la naturaleza, y por consiguiente, amaba África.
Vagabundeaba por sus calles deshabitadas y no tanto, disfrutaba con la exuberante vegetación y con la incertidumbre que, según él, transmitía el desierto.
Jamás pude haberme imaginado la verdad sobre Stef. De hecho, me ocultó durante años su verdadera identidad, su oficio, su tesoro más preciado: aquel diario que viajaba con él aún cuando llovía o tronaba.
Me traicionó no una, dos veces.
Pero, al fin y al cabo, cometemos errores, decimos mentiras, nos hacemos daño a nosotros y a los otros.
¿Y al final? Acepté su mano y caté sus disculpas, que parecían tener aroma de arrepentimiento y sabor sincero.
De vez en cuando debemos dejar atrás el orgullo propio, ser un poco más humildes, colocarnos en el lugar de aquel que nos pide disculpas. Y, tras lucir la mejor de nuestras sonrisas, saber perdonar, aunque nuestro corazón lo crea imposible. No lo es.
Poseía un cabello blanco impoluto, que reflejaba el brillo de la luz más tenue.
Dos inmensos ojos avellana, tal vez miel.
En más de una ocasión criticó mis escritos, discutiendo sin cesar la tristeza que transmitía la mayoría de ellos. Tenía razón.
De hecho, me convenía estar de acuerdo con él. Noventa y nueve de cada cien veces lo que advertía se cumplía, y lo que decía creer saber era cierto.
Nunca me había fijado, pero llevaba una palabra tatuada tras la oreja. No conseguía que me revelara el significado. La convicción que yo poseía de que lo descubriría tarde o temprano me embargaba noche y día.
No sabía cocinar, como cualquier hombre que hubieses podido conocer de su época. El machismo corría por sus venas y yo trataba de eliminarlo con medicamentos en forma de represalias y largas charlas. Pero Stef no solía cambiar de opinión.
Aún sin conocer secretos gastronómicos, adoraba degustar los platos que yo le preparaba.
Él consideraba una infracción saborear la dulzura del chocolate, y mordisquear lentamente las entrañas de la mejor manzana.
En cuanto a aficiones... Amaba viajar, amaba la naturaleza, y por consiguiente, amaba África.
Vagabundeaba por sus calles deshabitadas y no tanto, disfrutaba con la exuberante vegetación y con la incertidumbre que, según él, transmitía el desierto.
Jamás pude haberme imaginado la verdad sobre Stef. De hecho, me ocultó durante años su verdadera identidad, su oficio, su tesoro más preciado: aquel diario que viajaba con él aún cuando llovía o tronaba.
Me traicionó no una, dos veces.
Pero, al fin y al cabo, cometemos errores, decimos mentiras, nos hacemos daño a nosotros y a los otros.
¿Y al final? Acepté su mano y caté sus disculpas, que parecían tener aroma de arrepentimiento y sabor sincero.
De vez en cuando debemos dejar atrás el orgullo propio, ser un poco más humildes, colocarnos en el lugar de aquel que nos pide disculpas. Y, tras lucir la mejor de nuestras sonrisas, saber perdonar, aunque nuestro corazón lo crea imposible. No lo es.
Ahora soy feliz.
Hoy he despertado en un paraíso irreal. La oscuridad que suele inundar mi vista, la neblina de mi mirada que parecía maldecirme una y otra vez, han desaparecido. En su lugar un brillante sol lanza rayos sin descanso, provocando cosquillas en lo que algunos llaman corazón.
Mis párpados han dejado de ser puertas de escape de la realidad que me inunda. Ahora son ventanas que dejan traspasar luz.
Las comisuras de mis labios han cambiado de posición. Cuan increíble resulta que un mero gesto, consistente en modificar la inclinación de los labios, pueda cambiar tu perspectiva, y la de aquellos que la observan.
Por fin puedo retirar de mi escritorio los infinitos diarios de sufrimiento y sustituirlos por otros de recuerdos aceptables. Puedo depositar en la basura la amarga almohada plagada de lágrimas, y en su lugar colocar un algodón de azúcar.
Comprendo ahora los diálogos de comedia, y me arrepiento de no haber reído antes de esta forma.
Lamento no haber cumplido mis objetivos por esa desgana, fruto de la tristeza y melancolía, la añoranza y la soledad en mi interior.
Ahora sé reír cuando hace gracia. Ahora, sé reír cuando no la tiene.
martes, 24 de agosto de 2010
Círculo eterno de..infortunios
Y es la realidad que vamos construyendo día a día, con esta absurda habilidad para causarnos daño.
Tal vez en un principio todo era corriente. Ahora, nuestras manos han moldeado aquella cordura convirtiéndola en tal demencia que siquiera sabemos de su existencia.
Tal vez en un principio todo era corriente. Ahora, nuestras manos han moldeado aquella cordura convirtiéndola en tal demencia que siquiera sabemos de su existencia.
Difícil, ante todo, aceptarlo ante cualquier persona con cierta capacidad de comprensión. Más doloroso aceptarlo en nuestra conciencia.
La verdadera demostración de nuestra fuerza de voluntad y nuestra razón es salir de ahí.
La verdadera demostración de nuestra fuerza de voluntad y nuestra razón es salir de ahí.
Resulta ser una sombra, siempre presente, de vez en cuando escondida. Al despertar, sus garras agujerean tu corazón, tu felicidad, y te sientes aislada de lo que antes considerabas normalidad o realidad.
¿Qué queda después? Los resquicios de los momentos más agradables, o mejor dicho menos molestos, que viviste en alguna ocasión.
¿Qué queda después? Los resquicios de los momentos más agradables, o mejor dicho menos molestos, que viviste en alguna ocasión.
Así pues...actuemos acordes a nuestras palabras.
Pero es tan sumamente fácil hablar y prometer, y excesivamente difícil cumplir lo que decimos.
Ahí se demuestra la fuerza que creímos débil o inexistente.
Ahí se demuestra la fuerza que creímos débil o inexistente.
lunes, 23 de agosto de 2010
Deseos.
Cientos de deseos golpean mi mente, luchando por salir y ver la luz , hacerse realidad. Algunos constituyen meros caprichos propios de mi edad, otros son necias y crueles palabras que surgen acorde con sentimientos de maldad (mas luego desaparecen tal y cómo llegaron).
En estos momentos un deseo brilla con intensidad. De tal forma que casi resulta una necesidad.
Y es un ansia por no desaparecer de sus pensamientos. El antojo por permanecer en sus recuerdos el tiempo que yo no esté presente.
En estos momentos un deseo brilla con intensidad. De tal forma que casi resulta una necesidad.
Y es un ansia por no desaparecer de sus pensamientos. El antojo por permanecer en sus recuerdos el tiempo que yo no esté presente.
domingo, 22 de agosto de 2010
Y es realmente lo más doloroso.
Y si preguntan que me resulta más doloroso, responderé sin dudar un mero segundo.
Más que cualquier daño físico, más que la pobreza, más que una desilusión, el ver derramar lágrimas a la persona que quieres provoca un vacío en el corazón que tan sólo se recupera al escucharle reír de nuevo.
sábado, 21 de agosto de 2010
Críticas (¿Constructivas?) que procuramos asumir amablemente.
Realmente me gustaría hacer caso omiso a sus críticas.
Ya no sé si pretende ofenderme, protegerme del peligro al que me acerco lenta, muy lentamente, o qué... Comprendo que él esté involucrado en la situación al ser una persona cercana a mí, pero él no parece saber que ofende con sus palabras despectivas, aunque de alguna forma protectoras (o así lo espero).
De todas formas, en la vida siempre hay críticas y felicitaciones por nuestro trabajo. Algunos lo ven bien y otros mal, y gracias a esas diferencias existen tantas cosas como la amistad, incluso el amor.
¿Imaginan ustedes un amigo que siempre le llevara la razón, con el que nunca discutieran, con el que nunca se enfadaran y por tanto perdonaran, así haciendo de esta relación un vínculo unido por un lazo cada vez más consistente? Porque yo, sinceramente, no. ¡Cuan monótono y aburrido resultaría que todos estuvieran de acuerdo con lo que hacemos! ¡Y qué difícil mejorar como persona si no comprendiéramos, gracias a las críticas, nuestros errores!
Ya no sé si pretende ofenderme, protegerme del peligro al que me acerco lenta, muy lentamente, o qué... Comprendo que él esté involucrado en la situación al ser una persona cercana a mí, pero él no parece saber que ofende con sus palabras despectivas, aunque de alguna forma protectoras (o así lo espero).
De todas formas, en la vida siempre hay críticas y felicitaciones por nuestro trabajo. Algunos lo ven bien y otros mal, y gracias a esas diferencias existen tantas cosas como la amistad, incluso el amor.
¿Imaginan ustedes un amigo que siempre le llevara la razón, con el que nunca discutieran, con el que nunca se enfadaran y por tanto perdonaran, así haciendo de esta relación un vínculo unido por un lazo cada vez más consistente? Porque yo, sinceramente, no. ¡Cuan monótono y aburrido resultaría que todos estuvieran de acuerdo con lo que hacemos! ¡Y qué difícil mejorar como persona si no comprendiéramos, gracias a las críticas, nuestros errores!
viernes, 20 de agosto de 2010
Envidia (malsana)
La envidia es, sin duda, la peor compañera de viajes.
Nos convierte, lenta y dolorosamente, en esclavos del deseo por ser alguien o al menos similar. Nos muerde con aquellos dientes tan punzantes y afilados el corazón y el cerebro, hasta que nos convierte en personas que no escuchan su corazón.
En el caso de escuchar el corazón y no la maldad que habita, desafortunadamente, en algún rincón de todo ser humano, sabríamos que debemos aceptarnos tal y como somos. ¿Algún defecto? Todo puede ser transformado en virtud con el tesón y la voluntad necesarios.
Pongamos de nuestra parte todo lo que sea posible. No pretendamos ser otros, ya que no lo somos.
Tú eres tú, yo soy yo, afortunadamente él es él. Así son las cosas y así seguirán siendo.
Por mucho que procures ser igual que aquella persona a la que crees odiar (y en realidad envidias), en el fondo sabes que no te estás comportando como una persona digna de ser llamada como tal.
Por lo tanto, no tenemos nada que envidiar, ya que sus defectos se ven recompensados con nuestras virtudes y viceversa. Los hay más bellos y a su vez más estúpidos, más solidarios aunque tal vez menos atractivos. Y a todos nos une un deseo de querer ser superiores, sin comprender que todos estamos a un mismo nivel que no acepta superioridad alguna.
Nos convierte, lenta y dolorosamente, en esclavos del deseo por ser alguien o al menos similar. Nos muerde con aquellos dientes tan punzantes y afilados el corazón y el cerebro, hasta que nos convierte en personas que no escuchan su corazón.
En el caso de escuchar el corazón y no la maldad que habita, desafortunadamente, en algún rincón de todo ser humano, sabríamos que debemos aceptarnos tal y como somos. ¿Algún defecto? Todo puede ser transformado en virtud con el tesón y la voluntad necesarios.
Pongamos de nuestra parte todo lo que sea posible. No pretendamos ser otros, ya que no lo somos.
Tú eres tú, yo soy yo, afortunadamente él es él. Así son las cosas y así seguirán siendo.
Por mucho que procures ser igual que aquella persona a la que crees odiar (y en realidad envidias), en el fondo sabes que no te estás comportando como una persona digna de ser llamada como tal.
Por lo tanto, no tenemos nada que envidiar, ya que sus defectos se ven recompensados con nuestras virtudes y viceversa. Los hay más bellos y a su vez más estúpidos, más solidarios aunque tal vez menos atractivos. Y a todos nos une un deseo de querer ser superiores, sin comprender que todos estamos a un mismo nivel que no acepta superioridad alguna.
jueves, 19 de agosto de 2010
Desilusiones...
Es frustrante que una ilusión te colme de alegría y te anime a continuar, y más tarde seas incapaz de hacerla realidad por problemas externos.
Por suerte poseemos una capacidad comprensiva, y los sueños todavía permanecen ahí, aunque no por demasiado tiempo.
Por suerte poseemos una capacidad comprensiva, y los sueños todavía permanecen ahí, aunque no por demasiado tiempo.
martes, 17 de agosto de 2010
Ofensas y arrepentimientos...Podríamos ahorrarnos la primera parte para no padecer la segunda.
Son aquellos instantes en los que recibimos un trato inmerecido de nuestros seres queridos, en los que pronunciamos palabras despectivas sin apenas pensarlas.
Las vibraciones de la ira y decepción por aquello que acabamos de escuchar nos impulsan a expulsar insultos y a golpear objeto alguno que cruce nuestro camino. Tratamos de contener lágrimas, mas acabamos por desahogarnos. Y tal vez en ese instante pensemos que se merecen la sarta de palabras malsonantes que están recibiendo a escondidas. Y tal vez las amenazas tranquilicen nuestra ira y orgullo, nos sentimos superiores, absurdamente malvados, con un poder que puede hacer sufrir inmensamente a aquel que se ha atrevido a romper su respeto ante nosotros.
Durante unas horas nos sentimos enfurecidos y repletos de un principio de algo que tal vez llamemos odio. Al pasar un día la decepción ha salido a la luz cubriendo los resquicios del supuesto odio que quedaba. Más tarde le sigue la tristeza.
Y por último los remordimientos y el arrepentimiento al recibir el perdón, lo cual me parece absolutamente egoísta por nuestra parte, pero admito que también me ocurre como ser racional que soy.
Al observar un rostro también arrepentido del que nos ha causado daños, nuestra coraza que parecía incapaz de perdonar se desploma junto nuestro orgullo, y acaba por transformarse en otro remordimiento que remueve nuestra conciencia. Al final recordamos que son seres que queremos. Cometen errores que, a nuestro pesar, nos causan un dolor extremo, y a través de meras palabras. Pero todo se debe a un momento de tensión, un mal día o un ascenso desorbitado del orgullo.
Al fin y al cabo, como he mencionado hace un par de líneas, todos cometemos errores y tarde o temprano, rectificamos y comprendemos que no vale la pena ofender para más tarde sentirnos miserables en nuestro interior.
Etiquetas:
arrepentimientos,
ofensas,
sentimientos,
seres queridos
lunes, 16 de agosto de 2010
Esperanza.
Y la esperanza es lo último que se pierde. Cuando el cielo parece estar surcado por la niebla de la tristeza y desinterés ante todo, todavía un indicio de aquel puñado de ilusiones que siempre nos acompañan siguen ahí, resistiendo, luchando y al final, venciendo.
Sin ellas no seríamos humanos, sino necios siguiendo una senda que quién sabe hacia dónde se dirige.
Afortunada o desafortunadamente, el corazón vence sobre la mente en incontables ocasiones, y aquello es lo que nos permite ser verdaderas personas.
Sin ellas no seríamos humanos, sino necios siguiendo una senda que quién sabe hacia dónde se dirige.
Afortunada o desafortunadamente, el corazón vence sobre la mente en incontables ocasiones, y aquello es lo que nos permite ser verdaderas personas.
domingo, 15 de agosto de 2010
Nerviosismos e ilusiones que preceden a aquello
Esa ilusión antes del momento de que ocurra.
Antes de poder hablar de todo aquello que me perturba o perturbó en cierto momento.
Todos aquellos hechos que nadie conoce, los pensamientos que se han atrevido a rasgar la barrera entre la cordura y la demencia y terminaron por agujerearla sin llegar a romperla... las palabras dispares que me guardé y desee haber pronunciado en voz alta, aún sabiendo la sorpresa y tal vez decepción que causarían.
La única persona ( o así recuerdo) en la que confíe y no mencionó nada. Que me apoyaba y me decía la verdad a pesar de mis quejas absurdas e infantiles.
Quién respondió a mi afecto con afecto, no procurando aprovecharse de mí disimuladamente. Quién resultó ser anfitrión en su refugio, con la mayor hospitalidad y respeto, y cómo no la espontaneidad y el sentido del humor.
Y es que esa ilusión consume por completo el leve atisbo de desgana por cumplir promesas, objetivos o metas. Una sensación que corroe por completo la maldad que toda persona posee.
Estar con personas que realmente queremos, desinteresadamente, resulta tan gratificante que es lo único que se conserva con claridad en nuestra hermosa y colorida habitación de los recuerdos que habita en nuestra enrevesada mente.
Antes de poder hablar de todo aquello que me perturba o perturbó en cierto momento.
Todos aquellos hechos que nadie conoce, los pensamientos que se han atrevido a rasgar la barrera entre la cordura y la demencia y terminaron por agujerearla sin llegar a romperla... las palabras dispares que me guardé y desee haber pronunciado en voz alta, aún sabiendo la sorpresa y tal vez decepción que causarían.
La única persona ( o así recuerdo) en la que confíe y no mencionó nada. Que me apoyaba y me decía la verdad a pesar de mis quejas absurdas e infantiles.
Quién respondió a mi afecto con afecto, no procurando aprovecharse de mí disimuladamente. Quién resultó ser anfitrión en su refugio, con la mayor hospitalidad y respeto, y cómo no la espontaneidad y el sentido del humor.
Y es que esa ilusión consume por completo el leve atisbo de desgana por cumplir promesas, objetivos o metas. Una sensación que corroe por completo la maldad que toda persona posee.
Estar con personas que realmente queremos, desinteresadamente, resulta tan gratificante que es lo único que se conserva con claridad en nuestra hermosa y colorida habitación de los recuerdos que habita en nuestra enrevesada mente.
jueves, 12 de agosto de 2010
Alimentemos nuestras mentes con letras que formen nuevos significados para nosotros.
Las palabras alimentan nuestra mente. Le sirven de vitamina para crecer, hacerse cada vez con más vocablos nuevos y conocimientos anteriormente desconocidos.
Los libros son imprescindibles para su educación y crecimiento, para que no se convierta en una ignorante.
Cada letra le gratifica, le llena, le causa felicidad.
Así pues, culturicémonos y concedámosle a nuestra mente el privilegio de la dicha.
Y qué grato debe ser el saber... todavía desconozco la sensación, me considero mediocre, fuera de ignorancias o sabidurías absolutas.
Los libros son imprescindibles para su educación y crecimiento, para que no se convierta en una ignorante.
Cada letra le gratifica, le llena, le causa felicidad.
Así pues, culturicémonos y concedámosle a nuestra mente el privilegio de la dicha.
Y qué grato debe ser el saber... todavía desconozco la sensación, me considero mediocre, fuera de ignorancias o sabidurías absolutas.
martes, 10 de agosto de 2010
Amante dolor.
El dolor es nuestro amante en los momentos de desdicha. Por su boca exhala suspiros de amor que nosotros mostramos mediante lágrimas.
Nos besa, nos muerde, nos convence que nada vale la pena . Su permanencia provoca nuestra tristeza.
Aumenta , crece cada día, mientras no le expresemos nuestros sentimientos no recíprocos.
Se convierte en nuestra sombra incluso de noche. Presupone que le amamos también, y sigue haciéndonos daño, que para él es demostrarnos su amor.
Sólo nos desharemos de él cuando le engañemos con nuestra, también amante, fuerza de voluntad.
Y que infieles somos los humanos...
Nos besa, nos muerde, nos convence que nada vale la pena . Su permanencia provoca nuestra tristeza.
Aumenta , crece cada día, mientras no le expresemos nuestros sentimientos no recíprocos.
Se convierte en nuestra sombra incluso de noche. Presupone que le amamos también, y sigue haciéndonos daño, que para él es demostrarnos su amor.
Sólo nos desharemos de él cuando le engañemos con nuestra, también amante, fuerza de voluntad.
Y que infieles somos los humanos...
Irrevocablemente imborrable
Entré por la puerta que llevaba al destino. Aguardé unos instantes para hacerme la idea de dónde estaba a punto de entrar. Escuché un ruido extraño, y descubrí que era el rechinar de mis dientes.
Los escalofríos poblaban mi cuerpo. El pelo de mi nuca, y si apuramos, incluso el vello de mis brazos estaba completamente erizado.
A unos segundos de descubrir que me aguardaba, cuál sería mi meta. Cuál sería la cima de mi vida.
Por fin sabría por dónde dirigirme, marcar mi ruta, mi camino a seguir, hasta alcanzar aquello que vería en unos instantes.
Esperaba encontrarme con una mujer con valor, con una familia, una situación económica más bien mediocre, una situación social pobre. Un empleo desconocido.
Y al atravesar el aura descolorida que rodeaba la puerta al destino, me arrepentí de haber pisado si quiera aquel lugar sagrado.
El destino nos hace modificar cada paso, cada palabra que sale de nuestra boca, pero nosotros no podemos modificarlo a él.
El destino es, queramos o no, irrevocablemente imborrable.
Y nosotros nos adaptamos a él, no él a nosotros.
Con lo cual, no tenté mi suerte ni mi futuro, y volví por donde había venido.
Los escalofríos poblaban mi cuerpo. El pelo de mi nuca, y si apuramos, incluso el vello de mis brazos estaba completamente erizado.
A unos segundos de descubrir que me aguardaba, cuál sería mi meta. Cuál sería la cima de mi vida.
Por fin sabría por dónde dirigirme, marcar mi ruta, mi camino a seguir, hasta alcanzar aquello que vería en unos instantes.
Esperaba encontrarme con una mujer con valor, con una familia, una situación económica más bien mediocre, una situación social pobre. Un empleo desconocido.
Y al atravesar el aura descolorida que rodeaba la puerta al destino, me arrepentí de haber pisado si quiera aquel lugar sagrado.
El destino nos hace modificar cada paso, cada palabra que sale de nuestra boca, pero nosotros no podemos modificarlo a él.
El destino es, queramos o no, irrevocablemente imborrable.
Y nosotros nos adaptamos a él, no él a nosotros.
Con lo cual, no tenté mi suerte ni mi futuro, y volví por donde había venido.
lunes, 9 de agosto de 2010
El viaje de vivir.
Cuando todo permanece en equilibrio,
la inestabilidad atraviesa nuestra senda,
Tratamos de evitarla con un desvío equivocado,
Sin comprender que forma parte del destino.
Vagar por la vida trae sus riesgos y obsequios,
Somos ciegos conductores sin rumbo que seguir,
Abrimos los ojos gracias a la experiencia,
Conseguimos superar los delirios y tormentas.
Patricia Marra.
Inseparable compañera soledad.
Las agujas del reloj no cambiaron desde la última vez que miré,
aquí a mi lado sigue sentada la fiel soledad,
con sus garras me destroza el corazón,
con sus silencios me hace olvidar lo que es un recuerdo.
Ya no pienso en nada más que no saber en qué pensar,
ya no hago nada más que no saber qué hacer,
la última sonrisa resultó ser un sueño,
del que desgraciadamente tuve que despertar...
Patricia Marra.
Escuchar las palabras de Sabina inspira hasta al más desgraciado a escribir sobre lo qué resulta ser la alegría, al más alegre a escribir sobre la soledad. En definitiva, inspiran.
Recuerdo hace unos años, escuchando su música, mi padre cantando mentalmente, y yo oyendo su música. Hoy, la he escuchado. Y realmente me he perdido tantas palabras que resultan servir de inspiración, tantas verdades y tanto sentimiento oculto en lo que resultan ser sonidos o letras, según se oiga o se vea.
Y cierto es que con el paso de los años maduramos, afortunadamente, y aquellos que todavía creen estar sumergidos en su infancia abrirán un día los ojos y se arrepentirán de haber echado su tiempo a perder en banalidades sin importancia. Y nuestros padres tienen razón cuando nos decían "No lo entiendes, son cosas de mayores". Y nosotros nos ofuscábamos a causa de la ira, replicando sandeces. Los padres poseen más razón de la que queremos pensar. Y lo sabemos.
Quizás sea hora de ir cambiando aquel pop sin sentido alguno, cuyo único fin es vender cantidades cada vez mayores de discos para derrochar dinero, por canciones cuya letra produzca algo en nosotros, en nuestro interior, más que el deseo de bailar y cantar sin saber que hacemos o decimos.
Pero eso no significa que no vaya a conservar un ápice de mi infancia (recordando que todavía estoy en mis trece años, tan plenos y bellos cómo oigo decir, y resulta ser verdad), escuchando la canción del verano u otras más que hagan bailar mi reproductor de música.
De algo estoy segura. Ahora la música no servirá tan sólo como pasatiempo en nuestro tiempo libre (que también), sino cómo reflejo de la vida real en la que nos encontramos, con sus noches y sus días, sus injusticias y al contrario, su verdad y su mentira...
aquí a mi lado sigue sentada la fiel soledad,
con sus garras me destroza el corazón,
con sus silencios me hace olvidar lo que es un recuerdo.
Ya no pienso en nada más que no saber en qué pensar,
ya no hago nada más que no saber qué hacer,
la última sonrisa resultó ser un sueño,
del que desgraciadamente tuve que despertar...
Patricia Marra.
Escuchar las palabras de Sabina inspira hasta al más desgraciado a escribir sobre lo qué resulta ser la alegría, al más alegre a escribir sobre la soledad. En definitiva, inspiran.
Recuerdo hace unos años, escuchando su música, mi padre cantando mentalmente, y yo oyendo su música. Hoy, la he escuchado. Y realmente me he perdido tantas palabras que resultan servir de inspiración, tantas verdades y tanto sentimiento oculto en lo que resultan ser sonidos o letras, según se oiga o se vea.
Y cierto es que con el paso de los años maduramos, afortunadamente, y aquellos que todavía creen estar sumergidos en su infancia abrirán un día los ojos y se arrepentirán de haber echado su tiempo a perder en banalidades sin importancia. Y nuestros padres tienen razón cuando nos decían "No lo entiendes, son cosas de mayores". Y nosotros nos ofuscábamos a causa de la ira, replicando sandeces. Los padres poseen más razón de la que queremos pensar. Y lo sabemos.
Quizás sea hora de ir cambiando aquel pop sin sentido alguno, cuyo único fin es vender cantidades cada vez mayores de discos para derrochar dinero, por canciones cuya letra produzca algo en nosotros, en nuestro interior, más que el deseo de bailar y cantar sin saber que hacemos o decimos.
Pero eso no significa que no vaya a conservar un ápice de mi infancia (recordando que todavía estoy en mis trece años, tan plenos y bellos cómo oigo decir, y resulta ser verdad), escuchando la canción del verano u otras más que hagan bailar mi reproductor de música.
De algo estoy segura. Ahora la música no servirá tan sólo como pasatiempo en nuestro tiempo libre (que también), sino cómo reflejo de la vida real en la que nos encontramos, con sus noches y sus días, sus injusticias y al contrario, su verdad y su mentira...
sábado, 7 de agosto de 2010
Principio fundamental de la ética.
Cómo he dicho en la anterior entrada, el permanecer a la raza humana trae consigo una serie de privilegios e inconvenientes (no sabría decir si más o menos de cada cuál, puesto que yo creo que si tu vida ha sido desgraciada, te lo devolverá con fortuna, hablando de hechos inmateriales, no dinero o bienes en abundancia)..
Privilegios como el hecho de que ahora esté escribiendo esto, como el de ser libres de elegir que queremos hacer con nuestra vida. Como dijo Fernando Savater en Ética para Amador, todos deseamos darnos una buena vida. Pero eso se puede interpretar como una buena vida, éticamente hablando, en beneficio a nosotros y todos los humanos que nos rodean, o tal vez una vida dedicada a los placeres y al beneficio propio, que acaba convirtiendo nuestro alma en un retrato putrefacto de nuestra conciencia (tal y cómo ocurrió en la obra de Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray) .
Y ése es nuestro mayor privilegio.
Esa libertad a la que algunos temen, otros creen inexistente, otros la utilizan de forma inadecuada... la libertad que poseemos al ser personas, que nos permite elegir unas u otras opciones con determinados resultados.
En esas ocasiones en las que utilizamos nuestro mayor derecho en beneficio propio, dañando a los demás, dándonos la llamada buena vida pero en esta ocasión mala, acabamos con una sensación de desagrado de nuestras acciones. El remordimiento.
Pero lo hecho, hecho está. Y como dijo Erich Fromm "Uno de los fundamentales principios de la ética es que todo lo que hagas a otros te lo haces también a ti", y sus consecuencias tal vez no queden grabadas en nosotros físicamente, pero sí psíquica y espiritualmente, lo cual es, en mi opinión, peor.
¿Es acaso mejor ser bello externamente, pero ser infelices a causa de un alma repleto de remordimientos y maldades grabadas como heridas abiertas y sangrando desgracia? No.
Así pues, utilicemos nuestra libertad con cabeza. Pensemos dos, tres, o las veces que sea necesario, lo que vamos a hacer antes de llevarlo a cabo, ya que podemos arrepentirnos. ¿La mayor prebenda que poseemos, y la utilizamos para hacernos daño?
Resulta un poco estúpido tirar piedras sobre nuestro propio tejado, pero resulta ser así. Con lo cual, si queremos un alma sana, y por lo tanto, una vida feliz, respetemos el derecho de los que nos rodean, que poseen por ser como nosotros, humanos frágiles ante este mundo tan inmenso.
(Y con lo anteriormente dicho, no se debe obsesionar uno. Tal vez actuemos según nuestros instintos y cometamos un error puntual, pero no por ello seremos eternamente infelices, ni mucho menos. Así aprendemos de nuestros errores, para no volver a cometerlos.
Quiero decir que debemos respetar, ante todo, y evitar a toda costa herir a nuestros semejantes).
"Si yo supiese algo que me fuese útil y que fuese perjudicial a mi familia, lo expulsaría de mi espíritu. Si yo supiera algo útil para mi familia y que no lo fuese para mi patria, intentaría olvidarlo. Si yo supiese algo útil para mi patria y que fuese perjudicial para Europa, o bien que fuese útil para Europa y perjudicial para el género humano, lo consideraría como un crimen, porque soy necesariamente hombre mientras que no soy francés más que por casualidad" (Montesquieu).
Sensaciones indescriptibles.
Tantos sentimientos que no soy capaz de expresar con palabras.
Mi condición humana trae consigo una serie de beneficios y desventajas, entre ellos las sensaciones, las cuales no podría colocar en un solo grupo de los anteriormente citados.
Se desbordan cúmulos inmensos de amor, ira, tristeza... de un mismo corazón.
viernes, 6 de agosto de 2010
Imposibles.
Procurando recordar con alegría, llorar de felices, reír de contentos.
Pretendiendo mentirse a sí mismo, en vano resulta el intento.
Intentando cubrir de carcajadas los lamentos.
Patricia Marra.
Y cuan imposible resulta todo.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Miedo al miedo..
Parece imposible no espantarse ante nada.
Algo muy común: la muerte.
No debemos temerle , puesto que es algo inevitable que nos llegará, de una u otra forma. A todos. Algún día veremos su rostro... ¿Y sí estamos temiendo a algo que nos lleva a un lugar extremadamente dulce y agradable? Le guardamos terror y pavor a algo que no sabemos siquiera como es.
En mi opinión, sólo debemos tener miedo del propio miedo. De que nos invada, no nos permita mostrarnos tal y cómo somos, que modifique nuestro carácter hasta el punto de no reconocernos a nosotros mismos.
Diagnóstico: Usted desea otro estilo de vida.
¿Qué hacer cuando todo nos resulta monótono? Cuando ya no nos sentimos felices realizando siempre las mismas actividades. Cuando nuestras inquietudes parecen haber quedado reducidas a cenizas.
Llega un momento en el que creemos haber probado todo para ser felices. Lo que creíamos nuestros sueños resultan ser deseos intermitentes, que se apagan y se encienden según nuestro estado de ánimo. Cuando el bienestar nos rodea, luchamos por conseguirlos, pero vuelve a una velocidad desmesurada la desgana y la rutina, y da de bruces contra nuestras ilusiones.
Si te ocurre eso... no existe diagnóstico médico o psicológico. Tan sólo, necesitas cambiar.
Un cambio radical, de país, de vida, y al final de sueños que perseguir y conseguir.
Lugares recónditos de nuestra mente, que de vez en cuando debemos explorar, y otras olvidar.
Recordar puede ser bello. O doloroso.
No debemos olvidar nuestro pasado como si jamás hubiera ocurrido, ni hundirnos en él lamentándonos de no poder revivirlo una y otra vez.
Debemos tener un pequeño escondite en nuestra mente, en cuyo interior conservamos nuestros recuerdos.
Dolorosos, agradables, todos están allí.
En los momentos de añoranza, abrimos la puerta y recordamos lo felices que fuimos, lo bien que lo pasamos, aprovechando cada minuto y segundo.
Antes de comenzar a berrear cual infante, cerramos la puerta y miramos hacia delante.
¿Y lo qué nos queda?
Aún no sabemos como será.
Pero todo lo que he hecho a lo largo de mi breve vida, de estos trece escasos años, ha mejorado a medida que pasaba el tiempo.
Así que de una cosa estoy segura:
El futuro, ese que tanto nos preocupa y nos preguntamos como será, resultará ser todavía mejor que cualquier pasado o presente vivido.
¿Simplezas? No,gracias.
Vidas simples, carentes de acontecimientos que sobresalten su estabilidad.
A veces echamos en falta aquella satisfacción de no ser como los demás, borregos de lo socialmente correcto, de lo que consideramos moral.
Si te dicen que eres distinto, tómalo como un cumplido. Si el "que dirán" no te afecta, eres digno de ser envidiado. Lo bello es lo que nos diferencia del resto de personas. Los pequeños defectos, las peculiaridades y costumbres propias, son partes de nosotros, de nuestra belleza y de precisamente lo contrario.
lunes, 2 de agosto de 2010
Tristeza que procura maquillarse de alegría, con tal de no alarmar a nadie..
Ahora, el título de este blog es relativo...
Sé que no debería lamentar nada, que en comparación con millones de personas, soy completamente afortunada, pero... hay instantes en los que todos los problemas absorben nuestros sentidos. Aquello que fue estable y nos exhibía una sonrisa, ahora grita de dolor y se ha venido abajo. De blanco a negro en apenas segundos.
Nos alivia, en parte, pensar que no durará toda la vida. Pero estos momentos de tortura con nosotros mismos, estas luchas internas en nuestra mente, no nos permiten vivir con tranquilidad.
Lo peor, el no poder expresar mis sentimientos a nadie. Ese suplicio interno, causado por determinados motivos, no puede salir de mi mente, o puede pero modificado y suavizado, de forma que parezca algo corriente. Y las escasas personas que podrían escucharme, e incluso lo harían sin problemas, no se encuentran dónde yo estoy ahora.
Pero todo tiene un aspecto positivo. Y al encontrarlo, conseguimos esbozar un leve atisbo de sonrisa. Muy leve, casi imperceptible, pero ahí se encuentra.
La fuerza de voluntad de luchar contra aquello que provoca daños, a nosotros y, al final, a los de nuestro alrededor, crece y de cierta forma nos satisface.
Y cierto es que observando el lado positivo nos sentimos mejor. De esta forma, hacemos un inciso para olvidar durante unos minutos nuestro dolor.
domingo, 1 de agosto de 2010
Mi corazón sufre, y su sangre, fruto del dolor, se transforma en lágrimas.
Prefiero, sin duda, sufrir dolor físico que la pérdida de esperanza de aquel amor improbable...
Ahora la improbabilidad se ha convertido en imposibilidad.
Conseguí superar su pérdida durante los próximos tres meses, y ahora me toca superar otra durante (prácticamente) toda una vida.
Me considero presa del amor, en todos sus matices: amistad, admiración... y cómo no, aquel que siento.
¿Creéis posible que un amor aumente (si cabe), teniendo en cuenta su nula reciprocidad?
Yo lo creo. Yo lo estoy viviendo.
Pintor de sonrisas,
amante del querer,
deseo ser junto a ti,
pues sin ti no soy..
Hace tiempo escribí estos versos con un sentido y un destino, y ahora han tomado un rumbo completamente distinto, tornando su significado al máximo...
Como bien he dicho en el título, la muestra del dolor de mi corazón es su sangre, que se transforma en lágrimas. Recuerdo que también escribí otro poema sobre las lágrimas...
Salada, amarga, veloz, corre por su tenue mejilla.
Signo de infortunios, quizá añoranza.
Lluvia de tristeza que nace en sus ojos, y desemboca en sus labios.
Tal vez no fuese así con exactitud, pero era similar. Estos versos reflejan tristeza, y el suplicio de sufrir en silencio, con tal de no alarmar a los que nos rodean, o tal vez con el fin de superarnos a nosotros mismos y crecer como persona.
El desamor, o, más a nuestro pesar, el amor no correspondido, provoca brotes de las anteriormente citadas lágrimas... Hasta que un día, decidimos dejar de sufrir. Hay más posibilidades. Cierto día, no muy lejano, un hombre, o bien mujer para algunos, llamará a la puerta de nuestro alma y encontraremos la pieza que nos faltaba para que este rompecabezas cobre forma y color.
Absurdas razones del corazón que nos atan al temido y anhelado amor..
Y cuando todo parece haber llegado a un cierto nivel de normalidad, cuando ningún acontecimiento surge de improvisto descolocándonos , un bache asoma entre la rectitud de nuestros días.
Lo que no buscamos nos busca a nosotros, en el momento más inoportuno.
Permanece un tiempo, unos breves instantes, y cuando lo que parecía extraño ahora es corriente, desaparece.
El amor puede considerarse un problema en el caso de no ser correspondido, y la mayor de las fortunas cuando lo es.
Hay amores imposibles por infinitas razones. Pero nos parecen absurdas cuando hablamos de sentimientos.
Si él te mira... todo parece temblar a tu alrededor excepto sus ojos. Bajas la mirada, rápidamente, para ocultar tus emociones. Mis ojos, en ocasiones, parecen ventanas de mi alma, y llegan a expresar lo más recóndito de mí.
Una mirada recíproca muestra timidez, calidez... pero cuando yo observo, de reojo, su rostro, su torso... expresa deseo. En todos sus matices. Deseo de besar, de acariciar, de compartir una palabra o tal vez una sonrisa, deseos de... que me corresponda.
Dejando de lado las atracciones, la tensión causada por la belleza que exhuma... es el cariño y el afecto. Lo primordial parece ser que lleguemos a algo con aquella persona. Vamos buscando roces y miradas, y no conseguimos nada. Pero, al final, comprendemos que lo que de veras deseamos para esa persona es su felicidad. Si puede ser felicidad causada por nuestra presencia, todavía mejor, pero queremos que no sufra.
Imaginarle llorando... me duele tan sólo pensar en esa imagen.
Si le ocurriera algo, no podría soportarlo. Y lo sé. Y si alguna persona, la que fuese, le causara el menor daño, no se lo perdonaría jamás.
Amor... como un cielo abierto ante nosotros que nos rodea de forma inconsciente. Cuando todo parece nublado, ansiamos deshacernos de él, pero cuando está azul, en su plenitud, lo saboreamos y disfrutamos de él como si se tratara de un exquisito manjar.
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