Ahora la improbabilidad se ha convertido en imposibilidad.
Conseguí superar su pérdida durante los próximos tres meses, y ahora me toca superar otra durante (prácticamente) toda una vida.
Me considero presa del amor, en todos sus matices: amistad, admiración... y cómo no, aquel que siento.
¿Creéis posible que un amor aumente (si cabe), teniendo en cuenta su nula reciprocidad?
Yo lo creo. Yo lo estoy viviendo.
Pintor de sonrisas,
amante del querer,
deseo ser junto a ti,
pues sin ti no soy..
Hace tiempo escribí estos versos con un sentido y un destino, y ahora han tomado un rumbo completamente distinto, tornando su significado al máximo...
Como bien he dicho en el título, la muestra del dolor de mi corazón es su sangre, que se transforma en lágrimas. Recuerdo que también escribí otro poema sobre las lágrimas...
Salada, amarga, veloz, corre por su tenue mejilla.
Signo de infortunios, quizá añoranza.
Lluvia de tristeza que nace en sus ojos, y desemboca en sus labios.
Tal vez no fuese así con exactitud, pero era similar. Estos versos reflejan tristeza, y el suplicio de sufrir en silencio, con tal de no alarmar a los que nos rodean, o tal vez con el fin de superarnos a nosotros mismos y crecer como persona.
El desamor, o, más a nuestro pesar, el amor no correspondido, provoca brotes de las anteriormente citadas lágrimas... Hasta que un día, decidimos dejar de sufrir. Hay más posibilidades. Cierto día, no muy lejano, un hombre, o bien mujer para algunos, llamará a la puerta de nuestro alma y encontraremos la pieza que nos faltaba para que este rompecabezas cobre forma y color.
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