Llega un momento en el que creemos haber probado todo para ser felices. Lo que creíamos nuestros sueños resultan ser deseos intermitentes, que se apagan y se encienden según nuestro estado de ánimo. Cuando el bienestar nos rodea, luchamos por conseguirlos, pero vuelve a una velocidad desmesurada la desgana y la rutina, y da de bruces contra nuestras ilusiones.
Si te ocurre eso... no existe diagnóstico médico o psicológico. Tan sólo, necesitas cambiar.
Un cambio radical, de país, de vida, y al final de sueños que perseguir y conseguir.
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