domingo, 15 de agosto de 2010

Nerviosismos e ilusiones que preceden a aquello

Esa ilusión antes del momento de que ocurra.
Antes de poder hablar de todo aquello que me perturba o perturbó en cierto momento.
Todos aquellos hechos que nadie conoce, los pensamientos que se han atrevido a rasgar la barrera entre la cordura y la demencia y terminaron por agujerearla sin llegar a romperla... las palabras dispares que me guardé y desee haber pronunciado en voz alta, aún sabiendo la sorpresa y tal vez decepción que causarían.

La única persona ( o así recuerdo) en la que confíe y no mencionó nada. Que me apoyaba y me decía la verdad a pesar de mis quejas absurdas e infantiles.
Quién respondió a mi afecto con afecto, no procurando aprovecharse de mí disimuladamente. Quién resultó ser anfitrión en su refugio, con la mayor hospitalidad y respeto, y cómo no la espontaneidad y el sentido del humor.

Y es que esa ilusión consume por completo el leve atisbo de desgana por cumplir promesas, objetivos o metas. Una sensación que corroe por completo la maldad que toda persona posee.

Estar con personas que realmente queremos, desinteresadamente, resulta tan gratificante que es lo único que se conserva con claridad en nuestra hermosa  y colorida habitación de los recuerdos que habita en nuestra enrevesada mente.

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