Las palabras alimentan nuestra mente. Le sirven de vitamina para crecer, hacerse cada vez con más vocablos nuevos y conocimientos anteriormente desconocidos.
Los libros son imprescindibles para su educación y crecimiento, para que no se convierta en una ignorante.
Cada letra le gratifica, le llena, le causa felicidad.
Así pues, culturicémonos y concedámosle a nuestra mente el privilegio de la dicha.
Y qué grato debe ser el saber... todavía desconozco la sensación, me considero mediocre, fuera de ignorancias o sabidurías absolutas.
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