Trataba de avanzar a velocidades ilegales sobre el húmedo asfalto. (Tal vez sería más apropiado el término calado).
Las ruedas giraban produciendo un estruendo, tampoco desagradable, y la lluvia chocaba débil pero continuamente con el coche.
Cada metro que avanzaba, me daba la impresión de observar una campiña de verdes tonalidades más y más intensas.
Llegué y supe, exactamente, que era el lugar. Es extraño no poder describir con palabras ese sentimiento de magnetismo con algo o alguien. Tan sólo, tú corazón conoce la razón de dicha atracción, inútil de explicar con palabras, más posible de experimentar en su mayor potencia.
Y a continuación...sólo se me ocurrió observar aquel momento con ojos brillantes y deseosos de atisbar cada detalle que componía aquel exquisito fruto de la naturaleza.
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