No debemos olvidar nuestro pasado como si jamás hubiera ocurrido, ni hundirnos en él lamentándonos de no poder revivirlo una y otra vez.
Debemos tener un pequeño escondite en nuestra mente, en cuyo interior conservamos nuestros recuerdos.
Dolorosos, agradables, todos están allí.
En los momentos de añoranza, abrimos la puerta y recordamos lo felices que fuimos, lo bien que lo pasamos, aprovechando cada minuto y segundo.
Antes de comenzar a berrear cual infante, cerramos la puerta y miramos hacia delante.
¿Y lo qué nos queda?
Aún no sabemos como será.
Pero todo lo que he hecho a lo largo de mi breve vida, de estos trece escasos años, ha mejorado a medida que pasaba el tiempo.
Así que de una cosa estoy segura:
El futuro, ese que tanto nos preocupa y nos preguntamos como será, resultará ser todavía mejor que cualquier pasado o presente vivido.
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