lunes, 26 de julio de 2010

Los días pasan y los recuerdos continúan.


A las dos y cuarto de la mañana rondaban por mi mente pensamientos completamente dispares.
Anhelaba su voz, deseaba escuchar ese sonido que llenaba el vacío de mi corazón.
Cuando estaba segura de llamarle, marcaba su teléfono en mi móvil, y siquiera acabé de escuchar un "¿Hola?" al otro lado del aparato, pulsé la tecla roja que indicaba el fin de la llamada.
"Cobarde, no eres capaz de hablar con la persona que quieres". Dichas palabras provenían de una parte de mi mente.
La otra parte pensaba que lo más sensato era esperar a que llamase él (si se dignaba a hacerlo). En el caso de no llamar, no estaría interesado en mí.
Pasaron minutos que parecieron horas, horas que parecieron días... y así sucesivamente. Mi taza se llenaba y vaciaba de café a una velocidad desmesurada, y mis ojos estaban cada vez más abiertos y yo, más despierta.
Con el afán de olvidarme de todo aquello, decidí dar una vuelta por los alrededores de mi casa.
Los bares que siempre frecuentaba se encontraban cerrados, pero uno de ellos estaba todavía abierto.
La puerta estaba entrecerrada, y el dueño recogiendo las míseras propinas que había recaudado.
-¿Cómo ha ido hoy, Mathias? - Qué absurda me pareció la pregunta después de observar como Mathias se encogía de hombros, y señalaba la caja registradora prácticamente vacía. - El verano es una época de escasas ganancias, lo sabes ¿no?. Vacaciones, bares situados a orillas de la playa dónde siempre huele a aceite y alcohol, fiestas nocturnas... La gente parece olvidar que donde son realmente felices es en los lugares de siempre con los amigos que nos han acompañado toda la vida.
Mathias me miró, sonrió a modo de agradecimiento, y suspiró. Parecía triste. Rectifico, estaba triste.
Su siempre vivaz mirada añil ahora parecía desolada. Algo debía de ocurrirle a aquel joven empresario.
-Liz, siento la descortesía, pero en estos momentos estoy cansado y con ansias de caer en un sueño profundo. ¿Y tú, otra noche en vela?
Bastó escuchar mis suspiros de desgracia para comprender que así era.
¿Por qué nos sumergimos en el pasado, nos anclamos a él y construimos nuestro futuro con el propósito de revivirlo? Inexplicable. Como otras muchas cosas.
Pedí amablemente algo para comer y un refresco, y traté de hacer añicos la sensación de añoranza que plagaba mi cuerpo.




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