Hoy es mi cumpleaños.
Dicho así, tan fríamente, parece que no me importa en absoluto.
Y es la realidad.
De acuerdo, no voy a negar que es agradable el hecho de escuchar decenas de felicitaciones, recibir regalos, soplar velas... también pedir deseos, que puede que algún día se cumplan, o tal vez no.
Quizá por tradición todavía se festejan los cumpleaños de dicha forma.
Globos, papeles de regalo por todas partes, dulces, y los entrañables tirones de orejas.
Pienso yo...¿Acaso van a notar un año más? De un día para otro, nadie madura, nadie crece, nadie cambia. Un día más, con la simple diferencia que recibes regalos.
Para mí, la edad no se mide en años, ni días, ni en cualesquiera de las medidas de tiempo que existan.
La edad de una persona se determina por su madurez, que se va adquiriendo según vive unas u otras experiencias en su vida. Quizá un hombre de cuarenta años sea más inmaduro que uno de veinte. ¿Por qué no?
A todo esto, prefiero decir que "cumplo" quince años , a juzgar por mi madurez,
pero en cuanto a la realidad se refiere... a partir de este mismo día, tengo trece años.
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